Bautizar a los hijos: Grave compromiso de padres y padrinos

Bautizar a los hijos: Grave compromiso de padres y padrinos

La causa mayor de nuestro desatinado modo de vida, sin duda, es la ausencia o desinterés hacia lo trascendente, es decir, vivir como si Dios no existiera, aunque cognoscitivamente, sabemos que Él existe. San Pablo llama a este modus vivendi… «misterio de la iniquidad». (2 Tes 2, 7)

Por Gregorio Cataldi

¿Cómo será la gente en los últimos tiempos? «Ten presente que en los últimos días sobrevendrán momentos difíciles; los hombres serán egoístas, avaros, fanfarrones, soberbios, difamadores, rebeldes a los padres, ingratos, irreligiosos, desnaturalizados, implacables, calumniadores, disolutos, despiadados, enemigos del bien, traidores, temerarios, infatuados, más amantes de los placeres que de Dios, que tendrán la apariencia de piedad, pero desmentirán su eficacia. Guárdate también de ellos» (2 Tim 3, 1-5).

«Son fieles cristianos quienes incorporados a Cristo por el bautismo, se integran al pueblo de Dios, participando por esta función sacerdotal, profética y real de Cristo, cada uno según su propia condición y, llamados a desempeñar la misión que Dios encomendó a cumplir en la Iglesia y en el mundo» (Derecho Canónico 204).

En el bautismo se reciben estos compromisos: el profético, para vivir reglas de verdad contra el relativismo; el sacerdotal, que guía al culto a Dios, y el real, que nos da el autodominio (reinar sobre el propio yo). Luego, todo bautizado tiene gran compromiso con su familia, primero, luego en el ambiente que le toca vivir.

¿Cumplimos estos roles asumidos libremente, los padres y padrinos? De modo sencillo decimos que la función de sacerdote es nexo, unión o puente entre Ñandejara y la familia. ¿Somos puente entre Dios y nuestra Iglesia doméstica, ñande tupao’i?  

Recordemos:

  1. a) Para padres y padrinos, Sacerdote significa vivir lo que se predica. La palabra del incoherente nada vale. Un papá que enseña con ejemplo lo que vive, educa mejor al ser modelo de conducta para los hijos. Padres mentirosos, haraganes, deshonestos (pokarẽ, mbarete) engendran hijos «problemas».
  2. b) Para padres y padrinos, Profeta significa: Anunciar la Buena Nueva y denunciar las Injusticias. Luego, es necesario, al menos, conocer lo básico sobre la Biblia y doctrina católica. De lo contrario, no se puede anunciar. Además de anunciar, denunciar lo que está mal; en la calle, en la plaza, en las instituciones públicas, como hizo Juan Bautista. Callar es complicidad.
  3. c) Para padres y padrinos, Rey significa: Tener señorío, soberanía, autodominio, sobre el modo de pensar, decir y hacer. Pensar con honestidad, decir correctamente, hacer con integridad. El hijo tiene que ver, (no solo escuchar) en padres y padrinos, conducta esclarecida por sus virtudes.

¿Cómo hacerlo…? Con una iglesia doméstica de valores: paternidad, oración, acción. La familia sufre como metástasis, violencia, drogadicción, alcoholismo, prostitución a edades cada vez más tempranas, lo que produce «hijos huérfanos».

El sociólogo Sergio Sinay, señala algunos tipos de Orfandad:

1- Orfandad Ética: Los hijos no tienen referencias éticas. Los padres no transmiten valores, (porque no tienen o porque los ignoran).

2- Orfandad Afectiva: Los hijos carecen de afectos. Esta orfandad muchas veces es sustituida por «cosas-regalos materiales».

3- Orfandad Comunicativa: En casa no hay diálogo. Se vive juntos, pero no «unidos».

4- Orfandad Normativa: No hay reglas ni límites para nada. Todo es permitido en nombre de la democracia, libertad y dignidad.

5- Orfandad Espiritual: El Dios Uno y Trino, es aplastado por el «dios de las 4 P’s»: plata, poder, placer y prestigio.

Fácilmente nos dejamos hornear como estúpidos por el idiotizante fútbol mercantil (provocando incluso pelas y muerte), pornografía de la Tv (arropada de diversión) y tantos ídolos pasajeros que superan a Dios. ¿Qué idea de Dios tienen hoy muchísimas familias que se declaran cristianas?

Entonces, hay que disciplinar proactivamente a los hijos. Disciplinar no es castigar. Es discipular, guiar, enseñar, moldear. Pero ha de evitarse dos extremos: el Permisivismo y el Autoritarismo.

Se disciplina proactivamente:

  1. Fomentando el respeto: El respeto del hijo a los padres es innegociable. Si el hijo quiere helado -en vez de almorzar- y mamá lo niega, aquel patalea, grita y se tira al suelo. Mamá cede diciendo: «bueno mba’e, un helado ko no te va hacer mal».

¿Qué aprendió? Que si reacciona emocionalmente logra todo lo que pide. Esperará que todo el mundo acceda a sus deseos y se convertirá en un «amoroso tirano» haciendo de sus padres, esclavos de sus caprichos y, fuera de casa, un problemón terrible.

  1. Respetar a los hijos: No se puede exigir respeto si no se respeta. No violar sus conciencias pidiéndoles hacer lo que no se debe.
  2. Vivir con lo estrictamente necesario. Deseo no es igual a necesidad. ¿Cómo hacer para no educar a los hijos como idiotas morales? C. Díaz responde: Viviendo con templanza. La templanza grita a los padres: ¡Moderen el despilfarro, tengan austeridad!

Si lo hacen (no solo si lo dicen), los hijos aprenderán que no es feliz quien más tiene, sino quien menos necesita, aunque si un máximo es superfluo, un mínimo es necesario. Si no se desea mucho, hasta las cosas más pequeñas parecerán grandes.

La templanza se manifiesta de cuatro maneras en cuanto a los bienes: en la manera de conseguirlos, de conservarlos, de aumentarlos y de usarlos. El hombre superior ama su alma. El inferior, sus cosas. Muchas familias fueron y siguen siendo rotas, víctimas de la mala administración en el hogar.

Ya no prostituyamos el sacramento solo para dar culto a las 4 Efes: Foto, Facebook, Farra y Forro (ropa).

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