Chiquitunga: El bello jazmín del Paraguay

La venerable Hna. María Felicia de Jesús Sacramentado, camino a los altares.

La entusiasta «Chiquitunga», quien nos ha dejado un ejemplar modelo de vida y su ardiente amor a Jesucristo, se encuentra próxima a la Beatificación, paso previo a la Canonización. La fecha se confirmaría en los próximos meses del 2018. Esta noticia fue oficializada por los Obispos del Paraguay, quienes conversaron con el Papa Francisco en una Visita ad limina en noviembre del 2017.

Biografía extraída de la Web de Chiquitunga, próxima Beata del Paraguay

Desde muy joven el corazón de Chiquitunga ardía de amor a Jesucristo, y se consumía de celo apostólico: el deseo de colaborar con Jesús en su obra salvadora. En sus escritos podemos admirar el ofrecimiento total y radical de su vida, de su corazón y aún de su cuerpo, a su amado Jesucristo. Primero en el apostolado activo y después en la vida contemplativa del Carmelo.

María Felicia más conocida como «Chiquitunga», nació en la familia Guggiari Echevarría en Villarrica, Paraguay, el 12 de enero de 1925. A los 16 años se alistó en las filas de la Acción Católica de la que fue miembro entusiasta y dirigente abnegada.  Sobre aquellos tiempos de apostolado escribió: «En todos los trabajos que estoy realizando trato de poner el sello de nuestro espíritu cristiano, porque quiero que todo se sature de Cristo y donde quiera que sea pueda dejar un rayito de luz».

Logró un olvido total de sí misma para entregarse a Dios y al prójimo.

Su amor por los pobres y por los que sufren fue excepcional.  Para ofrecerlo todo a Dios, a los 30 años, ingresó en el Carmelo de la Asunción. Tomó el hábito de Carmelita Descalza el 14 de agosto de 1955. Su camino fue ofrecerlo todo, como Santa Teresita del Niño Jesús y otras grandes hijas del Carmelo.

Cuentan que cierta Hermana había exclamado: «Apresurémosnos, porque el tiempo es oro», a lo que la sierva de Dios respondió con toda dulzura para no ofenderla: «No, hermana, el tiempo no es oro, es apostolado».

Sus hermanas Carmelitas recuerdan de esta manera: «En los cuatro años que la querida Hermana vivió entre nosotras se caracterizó por su gran espíritu de sacrificio, caridad y generosidad, todo envuelto en gran mansedumbre y comunicativa alegría».

La hepatitis infecciosa que ya había llevado a la tumba a una de sus hermanas, la obligó a internarse en enero de 1959 por varios meses. Luego se enfermó de púrpura y su salud se fue deteriorando poco a poco.

Días antes de su muerte la Hna. Felicia recibió con mucha devoción la Unción de los enfermos en pleno uso de razón y exclamó: «He aquí Jesús, a tu pequeña esposa».

Murió el 28 de abril de 1959, aproximadamente a las cuatro de la mañana, y con todos los familiares presentes. Antes de decir sus últimas palabras pidió a la Madre Priora y a otras dos Hermanas allí presentes, le leyeran el «Muero porque no muero» de Santa Teresa de Jesús. Recostada en los almohadones parecía dormir. De pronto se yergue y con una energía no común exclamó: «Papito querido, ¡Qué feliz soy!; ¡qué grande es la Religión Católica!; ¡qué dicha el encuentro con mi Jesús!; ¡soy muy feliz!».

Y sin borrársele la sonrisa dijo: «Jesús te amo. ¡Qué dulce encuentro! ¡Virgen María!». Luego una frase de despedida y consuelo a su madre y hermano y plácidamente su alma se desprendió de su cuerpo. En su rostro quedó estampada la dulce y característica sonrisa que le había animado en vida.  

El 13 de diciembre de 1997 se inició su Proceso de Beatificación.  20 años después él mismo está  a punto de concretarse.

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