De la danza al claustro: pasos en dirección al cielo

Entrevista a una religiosa contemplativa, Hna. Teresa María de Jesús. La que fuera una de las profesoras de danzas más famosas del Paraguay.

La sociedad actual otorga a muchas personas fama, prestigio y estatus social, así como otras condecoraciones y reconocimientos por su trayectoria dentro de un campo laboral importante. Una reconocida maestra de danza de Ciudad del Este cambió todo eso, y mucho más, por una vida sencilla, austera y de oración en el claustro de un Monasterio.

No hace muchos años era posible observar en un barrio de Ciudad del Este un imponente y llamativo cartel que tenía pintado al lado del nombre la silueta de una bailarina de danza clásica. Era uno de los institutos artísticos de mayor trayectoria en la sociedad altoparanaense, y con una muy peculiar y abnegada maestra: Beatriz Fátima María Ramos Savio; más conocida como Bettina Ramos; quien desde los años 90 y hasta hace un par de años, era la profesora de danzas más famosa de la región.

La madre de Beatriz Ramos era amante del arte y la cultura; motivo por el cual pretendía que su pequeña aprendiera las expresiones del arte corporal. Por eso, cuando cumplió 6 años, la llevó a la Escuela Municipal de Asunción, donde Beatriz incursionó por primera vez en el mundo de la danza.

“Bettina percibía que algo superior la llamaba”

Beatriz Fátima María siempre fue conocida con el nombre de Bettina, pués el diminutivo de Betty ya se usaba para nombrar a su madre, quien también se llamaba Beatriz.

Como la joven bailarina era muy dedicada, los profesores comenzaron a ver en ella cualidades sobresalientes; por lo que cuando cumplió 13 años fue asignada para enseñar a las pequeñas de entre 5 y 7 años. Incluso antes de mudarse, ya con 16 años, Bettina viajaba los fines de semana a Ciudad del Este para enseñar a algunas niñas en el Centro de Recepción de Visitas de la Itaipu Binacional, como un preludio del lugar donde la providencia quiso que tomara la decisión más importante de su vida.

Con el ballet, la música clásica y el arte, Bettina percibía que algo superior la llamaba. Para ella el arte de la danza aproximaba a las personas a algo mayor, como un don que se conecta con el espíritu.

“El hecho que dió un giro a su vida fue un accidente automovilístico del que salió ilesa.”

A la edad de 18 años, Bettina recibió la licencia de Profesora superior de danza clásica con la Prof. Gilda Ruiz de Segovia y de danza española y paraguaya con la profesora Sussy Sacco. Cuando cumplió 19 años, la joven maestra se instaló definitivamente en Ciudad del Este para dar inicio a su vida profesional y hacer lo que siempre quiso hacer: Bailar. Como toda joven idealista, tenía grandes sueños: quería desarrollarse como bailarina profesional y presentarse en grandes festivales. Pero como sucede con todos, ella no se imaginaba aún que Dios tejía un camino distinto.

Premios y medallas, presentaciones en imponentes escenarios como en los de Madrid (España) y Punta del Este (Uruguay), eran las páginas que escribía dentro de su historia la destacada bailarina. Bettina era considerada una de las pocas danzarinas del país que tenía la habilidad de sujetar las famosas 12 botellas en la cabeza; sin dudas era una brillante bailarina. Como maestra de danzas, recibió premios internacionales como Mejor Coreógrafa, Mejor Profesora, becas a nivel internacional y reconocimientos de la Gobernación del Alto Paraná y la Municipalidad de Ciudad del Este, por su trabajo en el campo de la cultura y el arte.

La figura pública <Bettina Ramos> quedó en mi pasado como un bello recuerdo”

Para la profesora Bettina, el orden, el respeto y la disciplina eran las lecciones que toda alumna de su academia debería aprender. Ella misma incluso se describe como una persona exigente y perfeccionista, estricta y segura de sí misma. Tenía un carácter fuerte y muchos la consideraban como una persona indoblegable.

De cuna católica, gracias a su abuela Mercedes, Bettina era de misa dominical. Siempre tuvo una especial devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Pero el hecho crucial que dió un giro a su vida fue un accidente automovilístico que sufrió con algunos familiares y del que todos salieron ilesos. Muchos amigos, luego de lo ocurrido, la invitaron a acercarse a Dios con más fuerza; tal es así, que ella aceptó la invitación de la madre de una alumna para asistir a una celebración eucarística en la Catedral de Ciudad del Este. Concurrió a la invitación, pero sintió que había algo más que ella podía hacer; comenzó a comprender que todo el obrar del ser humano debía estar sujetado a la confianza y la misericordia de Dios. Con el tiempo, Bettina fue conociendo las grandes maravillas de nuestro buen Dios y cada vez más, se iba enamorando de Jesús y su Iglesia, tiempo en el que percibió que Dios la llamaba a dar más, incluso todo: “el que llega a conocer a Jesús ya no puede seguir en lo suyo, sino que debe dar todo por aquel que ama sin límites”.

Y fue así que el 5 de abril del 2013, después de haber pasado por algunas experiencias vocacionales, Bettina Ramos, hoy  Hna. Teresa María de Jesús, se incorporó al Monasterio de la Visitación de Santa María. Cambió todo lo que había ganado y recibido durante su vida profesional por una vida sencilla y humilde en los corredores del claustro. Ya no son las coordinaciones corporales y las exigencias en la enseñanza las que le preocupan, sino la exigencia de vivir su consagración a Dios.

Pondré la misma tenacidad que alguna vez invertí en la danza, para llegar a convertirme en una perfecta esposa de Cristo

Desde mi conversión, mucho antes de ser religiosa incluso, comencé a trabajar ciertos aspectos de mi personalidad: traté de desterrar mi lado negativo -porque muchos me tildaban como <mala>: buena profesora, pero demasiado exigente. Llegó al punto en que varias alumnas mías se retiraron de la academia a mi cargo. Fuí comprendiendo de a poco que era posible llegar a la disciplina y el orden con dulzura y mansedumbre”. Dice una Bettina en cuyo rostro se nota el esfuerzo de un alma enamorada de Cristo.

Porte elegante, mirada altiva, voz potente, exigente, original y creativa en el arte corporal. Una excelente maestra que cuidaba celosamente de su arte y se ocupaba de todos los detalles para que todo saliera con la máxima limpieza.” Así la recuerda su ex alumna, Claudia Carolina, hoy también religiosa en otra comunidad.

La figura pública «Bettina Ramos» quedó en mi pasado como un bello recuerdo y un momento en el que Dios me permitió transmitir grandes enseñanzas a muchas niñas y jóvenes” dice la Hna. Teresa mientras mira a lo lejos a través de la ventana. Con perfecta claridad cuenta que desde su entrada a la vida monástica ama con más intensidad a todas las personas con las que alguna vez se ha cruzado en la vida: “Desde que experimenté en mi vida la gracia y la misericordia de Dios, comencé a vivir el amor de otra manera”.

Para ella, la vida consagrada es una fuente inagotable de amor, es vivir el amor de Dios más intensamente, es una felicidad plena.

La Hna. Teresa María de Jesús tomó hábito de novicia el 19 de marzo del 2014. Alejada de la música y los festivales, vive junto a otras catorce hermanas, sumergida en la oración y la contemplación, actividades propias del carisma de la congregación a la que Dios la llamó a pasar los últimos días de su vida y el lugar que ella considera como la antesala del cielo.

Mi vida de religiosa es una bella experiencia donde experimento todos los días una gran felicidad” nos dice cuando ya terminábamos la entrevista; y como un sello final del testimonio que nos daba, nos asegura: “Pondré la misma tenacidad que alguna vez invertí en la danza, para llegar a convertirme en una perfecta esposa de Cristo”.

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