Naturaleza y elementos de la extremaunción

altLa extremaunción es un sacramento instituido por Cristo para alivio espiritual y corporal de los enfermos en peligro de muerte.
Llamase extremaunción por ser la última unción sagrada que recibe el cristiano. La 1° fue en el bautismo y la 2° en la confirmación.
La extremaunción es verdadero sacramento, pues en ella hay:
  1. Signo sensible: la materia y forma con que se administra.
  2. Institución de Cristo. Así dice el Apóstol Santiago: "¿Enferma alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que hagan oración por él, ungiéndolo con el óleo en nombre del Señor",
  3. Producción de la gracia. Así continúa Santiago: "Y la oración de la fe sanará al enfermo, y si tiene pecados, se le perdonarán" (V. 14).
Aparece aquí claramente la institución de Cristo, porque la unción con óleo no tendría ninguna virtud para perdonar los pecados, si Cristo no lo hubiera establecido así. Consta también por las siguientes palabras de San Marcos: "Y lanzaban a muchos demonios, y ungían muchos enfermos con el óleo, y los sanaba"(6, 13). La Iglesia siempre ha visto en estas palabras una referencia a la extremaunción.
Toda la tradición está de acuerdo en admitir la Extremaunción como sacramento.
Sólo el Protestantismo, en su afán de negación y odio a la Iglesia Cat61ica, rompió esta tradición tantas veces secular.

Materia, forma y ministro

La materia es la unción que se hace en los cinco sentidos con el óleo de los enfermos, consagrado por el Obispo el jueves santo.
La unción se hace en este orden: ojos , oídos, nariz, boca, manos y pies. En caso de grave urgencia, basta una unción en la frente del enfermo; después deben suplirse las otras, si vive todavía.
Se hace en los cinco sentidos, para borrar los pecados de que cada sentido fue ocasión, y la inclinación al mal que el pecado dejó en él.
La forma es: "Por esta unción y su piadosísima misericordia perdónete el Señor cuanto pecaste por los ojos". Y así en cada sentido.
El ministro es el sacerdote. Mas la iglesia ha dispuesto que fuera del caso de urgente necesidad, no lo administre sino el párroco.

Sujeto de la extremaunción

El sujeto de la extremaunción es el bautizado que, habiendo podido pecar, está gravemente enfermo, y tiene intención de recibirla. Se requieren, pues, en el sujeto cuatro condiciones:
a) Que sea bautizado, por ser el bautismo condición de todo sacramento.
b) Que haya podido pecar, porque este sacramento ha sido instituido para borrar el pecado y sus consecuencias.
Por eso: a) no se puede administrar al que no ha alcanzado uso de razón, como un niñito, o un idiota. b) se debe administrar a los niños de siete años, porque ésta es la edad en que la razón suele aparecer. c) Se puede administrar a niños de menor edad cuando han dado muestras de uso de razón.
c) Que esté gravemente enfermo; es preciso para administrarlo -que haya peligro de muerte por causa interna, aunque no sea próximo.
Así: por no provenir el peligro de muerte de causa interna, no puede administrarse la extremaunción: a) al condenado a muerte antes de la ejecución; b) al que van a operar, antes de la operación, a menos que su debilidad interna haga temer un desenlace fatal.
d) Y tenga intención de recibirlo. Basta, sin embargo, la intención habitual y aún la interpretativa.

Esta se encuentra en el cristiano que no lo pide, por estar privado de conocimiento; pero que se cree que al tenerlo, lo pediría. En duda si la persona tiene uso de razón, o está gravemente enferma, o está ya muerta, etc., se le puede administrar bajo condición.

Para recibirlo lícitamente se requiere el estado de gracia. En consecuencia, quien tenga faltas graves debe antes confesarse.
La extremaunción puede administrarse a los que están privados de razón aunque no conste que están en estado de gracia. La razón es que pueden tener siquiera dolor imperfecto de sus pecados, y en este caso el sacramento produce la justificación.

No puede administrarse
a los impenitentes que perseveraron con pertinacia en el pecado mortal, O que rechazaron los sacramentos.
No puede recibirse dos veces en la misma enfermedad, sino cuando después de haber mejorado un enfermo, vuelve el peligro de muerte.
 

Efectos y obligacion de recibir la extremaunción

Sus efectos

La extremaunción, además de producir la gracia, tiene tres efectos peculiares: a) Fortalece y conforta al enfermo; b) borra los pecados, la pena debida por ellos y las reliquias del pecado; c) contribuye a la salud del cuerpo, si conviene a la del alma.

1° Su principal efecto es fortalecer al enfermo. En efecto, le brinda:
a) paciencia y alivio en los dolores y desfallecimientos de la enfermedad;
b) confianza para rechazar las tentaciones de desconfianza y aún de desesperación que el demonio suele entonces infundir; c) ánimo para sobreponerse al temor de la muerte y a las angustias de la agonía.
Borra: a) los pecados veniales, por el aumento de gracia.
b) Los pecados mortales que el enfermo no pueda confesar o no recuerde haber cometido, siempre que tenga atrición.
c) Las malas reliquias del pecado, esto es, las malas consecuencias que deja en nosotros, como la oscuridad en el entendimiento, la debilidad o dureza de la voluntad, la fuerza de los malos hábitos y la congoja ante el recuerdo de los pecados pasados. 
d) Parte de la pena temporal de acuerdo con las disposiciones con que se recibe.

3° Tiene poder para aliviar el cuerpo, y aún para restituirle la salud, si conviene al alma, aunque éste no sea su efecto principal.
Hacen más fructuosa su recepción el sincero dolor de los pecados, la confianza en Dios y la resignación a su divina voluntad.

Obligación de recibirlo

Están obligados a recibir este sacramento los enfermos que tienen uso de razón y están en peligro de muerte. Y pecan gravemente si dejan de recibirlo por desprecio o con grave escándalo.

No debe aguardarse a última hora para recibirlo, porque estando ya las facultades debilitadas, no se puede sacar el mismo fruto ni puede obrar con eficacia sobre el cuerpo, pues no obra por milagro, sino ayudando a las fuerzas naturales.

Pecan gravemente las personas que, con pretexto de no afanar al enfermo, dejan de llamar al sacerdote para los últimos sacramentos, o lo llaman ya muy tarde, cuando el enfermo no se da casi cuenta de lo que hace; y su responsabilidad es muy grave ante Dios.
Tales personas obran con caridad muy mal entendida, porque es cosa terrible morir sin saber uno que se muere, y comparecer ante el Juez Supremo sin haber pensado en rendirle cuenta.

Algunas personas tienen por mal augurio el recibir la extremaunción.
Este es un prejuicio, fruto de la ignorancia o de la malicia del demonio. Por el contrario, este sacramento fue instituido para fortalecer al enfermo, y ayudar a la salud corporal. Mas si Dios ha determinado que el enfermo muera, no puede haber para su consuelo ni felicidad más grande que morir con los auxilios de la Religión.

Aunque el enfermo demuestre cierto miedo o aversión por el sacerdote, siempre debe éste llamarse. Muchas veces una sola palabra suya hace desaparecer ese temor o mala voluntad; y después el enfermo, una vez reconciliado con Dios, siente gran calma y tranquilidad. No hay que olvidar que el sacerdote tiene gracias de estado para mover los corazones.

Rito de la extremaunción

Para la extremaunción debe prepararse: una mesita con un paño blanco; un Cristo entre dos cera encendidas; un poco de algodón limpio para las unciones, un lebrillo con agua, jabón y toalla. Además, si se va a recibir el viático, un vasito con unos trago de agua. El aposento debe estar limpio y convenientemente arreglado.
  1. Al entrar el sacerdote saluda a los de la casa: "Paz a esta casa"; a lo cual contesta el ayudante: "'Y a todos sus habitantes". Los rocía con agua bendita. Si es el caso, confiesa y da comunión al enfermo, y procede a administrarle la extremaunción,
  2. Reza sobre le enfermo y los circunstante tres hermosas oraciones, hace recitar el Yo pecador, y luego extendiendo la mano sobre el enfermo, pide "sea destruido en él el poder del demonio por la imposición de nuestras manos; la invocación de María Santísima, San José y todos los santos". Procede en seguida a las unciones.
  3. Luego se lava las manos y recita nuevas oraciones. En una de ellas cita las palabras de Santiago: “¿enferma alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia…”, que ya conocemos. Después se acostumbre impartir la indulgencia plenaria “in artículo mortis”.
     
Fuente: Curso superior de Religión - Pbro. Rafael Faría
Unción de los Enfermos

Comentarios  

 
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