altLas diversas argumentaciones filosóficas empleadas para “probar” la existencia de Dios no
causan necesariamente la fe en Dios, sino que solamente aseguran que tal fe es razonable. Y esto por varios motivos:

a) conducen al hombre a reconocer algunos caracteres filosóficos de la imagen de Dios (bondad, inteligencia, etc.), entre los cuales su misma existencia, pero no indican nada sobre Quién sea el ser personal hacia el cual se dirige el acto de fe;

b) la fe es la respuesta libre del hombre a Dios que se revela, no una deducción filosófica necesaria;

c) Dios mismo es causa de la fe: es Él quien se revela gratuitamente y mueve con su gracia el
corazón del hombre para que se adhiera a Él;

d) ha de considerarse la oscuridad y la incertidumbre con la que el pecado hiere a la razón del hombre obstaculizando tanto el reconocimiento de la existencia de Dios como la respuesta de fe a su Palabra (cfr. Catecismo, 37). Por estos motivos, particularmente el último, siempre es posible una negación de Dios por parte del hombre.

El ateísmo posee una manifestación teórica (intento de negar positivamente a Dios, por vía
racional) y una práctica (negar a Dios con el propio comportamiento, viviendo como si no
existiese).
Una profesión de ateísmo positivo como consecuencia de un análisis racional de
tipo científico, empírico, es contradictoria, porque –como se ha dicho– Dios no es objeto del
saber científico-experimental.

Una negación positiva de Dios a partir de la racionalidad filosófica es posible por parte de específicas visiones apriorísticas de la realidad, de carácter casi siempre ideológico, ante todo, el materialismo. La incongruencia de estas visiones puede ponerse de manifiesto con la ayuda de la metafísica y de una gnoseología realista.

Una causa difundida de ateísmo positivo es considerar que la afirmación de Dios supone
una penalización para el hombre: si Dios existe, entonces no seríamos libres, ni gozaríamos de
plena autonomía en la existencia terrena. Este enfoque ignora que la dependencia de la
criatura de Dios fundamenta la libertad y la autonomía de la criatura.
Es verdadero más bien,
lo contrario: como enseña la historia de los pueblos y nuestra reciente época cultural, cuando
se niega a Dios se termina negando también al hombre y su dignidad trascendente.


Otros llegan a la negación de Dios considerando que la religión, específicamente el
cristianismo, representa un obstáculo al progreso humano porque es fruto de la ignorancia y la superstición.
A esta objeción puede responderse a partir de bases históricas: es posible mostrar la influencia positiva de la Revelación cristiana sobre la concepción de la persona humana y
sus derechos, o hasta sobre el origen y progreso de las ciencias. Por parte de la Iglesia Católica la ignorancia ha sido siempre considerada, y con razón, un obstáculo hacia la verdadera fe.

En general, aquellos que niegan a Dios para afirmar el perfeccionamiento y el
avance del hombre lo hacen para defender una visión inmanente del progreso histórico, que
tiene como fin la utopía política o un bienestar puramente material, que son incapaces de
satisfacer plenamente las expectativas del corazón humano.


Entre las causas del ateísmo, especialmente del ateísmo práctico, debe incluirse también el
mal ejemplo de los creyentes, «en cuanto que, con el descuido de la educación religiosa, o con
la exposición inadecuada de la doctrina, o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral
y social, han velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión». De
modo positivo, a partir del Concilio Vaticano II la Iglesia ha señalado siempre el testimonio
de los cristianos como el principal factor para realizar una necesaria “nueva evangelización”.
La negación de Dios: las causas del ateísmo

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