Dogma de la Inmaculada Concepción

Bendita nuestra Madre que del pecado original Dios la preservó.

Por Cristian Alfonso

“Pondré enemistad entre tí y la mujer” dijo Dios a la serpiente, aquel día en que un ángel caído visitaba a una mujer proponiéndole que coma del fruto del conocimiento del bien y del mal. Pero no se refería a Eva, pues ella por el pecado original se había hecho enemiga de Dios y estaba obligada a llevar una vida entera de penitencias por la ofensa infinita hecha a su Creador, sino a otra mujer que también recibiría la visita de un ángel, pero esta vez, la del Arcángel Gabriel. Eva, al oír a la serpiente dijo que no a Dios; la nueva mujer dijo que sí, y con su sí, el Hijo del Dios Padre se encarnó en sus entrañas benditas. Esta mujer es la Santísima Virgen María, la enemiga de Satanás; pues no sólo no ha cometido pecado alguno, sino que por una gracia especialísima de Dios ha sido concebida sin pecado original, y esto es un dogma de fe, proclamada en la Iglesia hace 160 años, pero presente en la fe popular desde los inicios de la cristiandad.

Cada 8 de diciembre, la Iglesia celebra el dogma de fe que nos revela que, por la gracia de Dios, la Virgen María fue preservada del pecado desde el momento de su concepción, es decir desde el instante en que María comenzó la vida humana. El 8 de diciembre de 1854, en su bula Ineffabilis Deus, el Papa Pío IX proclamó este dogma:

“…declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles…”

María es la “llena de gracia”, del griego “kecharitomene” que significa una particular abundancia de gracia, es un estado sobrenatural en el que el alma está unida con el mismo Dios. María como la Mujer esperada en el Protoevangelio (Gn. 3, 15) se mantiene en enemistad con la serpiente porque es llena de gracia.

El camino para la definición dogmática de la Concepción Inmaculada de María fue trazado por el franciscano Duns Scotto. Se dice que al encontrarse frente a una estatua de la Virgen María hizo esta petición: “Dignare me laudare te: Virgo Sacrata” (Oh Virgen sacrosanta dadme las palabras propias para hablar bien de Ti). Y luego el franciscano hizo estos cuestionamientos:

  1. ¿A Dios le convenía que su Madre naciera sin mancha del pecado original? Sí, a Dios le convenía que su Madre naciera sin ninguna mancha. Esto es lo más honroso, para Él.
  2. ¿Dios podía hacer que su Madre naciera sin mancha de pecado original? Sí, Dios lo puede todo, y por tanto podía hacer que su Madre naciera sin mancha: Inmaculada.
  3. ¿Lo que a Dios le conviene hacer lo hace? ¿O no lo hace? Todos respondieron: Lo que a Dios le conviene hacer, lo que Dios ve que es mejor hacerlo, lo hace.

Entonces Scotto exclamó: Luego

  1. Para Dios era mejor que su Madre fuera Inmaculada: o sea sin mancha del pecado original.
  2. Dios podía hacer que su Madre naciera Inmaculada: sin mancha
  3. Por lo tanto: Dios hizo que María naciera sin mancha del pecado original. Porque Dios cuando sabe que algo es mejor hacerlo, lo hace.

La Virgen María es Inmaculada gracias a Cristo su hijo, puesto que Él iba a nacer de su seno; Dios la hizo Inmaculada para que tenga un vientre puro donde encarnarse. Ahí se demuestra cómo Jesús es Salvador en la guarda de Dios con María y la omnipotencia del Padre se revela como la causa de este don. Así, María nunca se inclinó ante las concupiscencias y su grandeza demuestra que como ser humano era libre pero nunca ofendió a Dios y así no perdió la enorme gracia que Él le otorgó.

La Inmaculada Virgen María nos muestra la necesidad de tener un corazón puro para que el Señor Jesús pueda vivir en nuestro interior. Consagrarnos a ella hará que nuestra plegaria sea el medio por el cual se nos revele Jesucristo plenamente y nos llevará al camino por el cual seremos colmados por el Espíritu Santo.

En Paraguay, el 8 de diciembre es fiesta de precepto

 

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