El altar de la Santa Misa

El altar, en el que se hace presente el sacrificio de la cruz bajo los signos sacramentales, es también la mesa del Señor.

El altar, en el que se hace presente el sacrificio de la cruz bajo los signos sacramentales, es también la mesa del Señor, para participar en la cual, se convoca el Pueblo de Dios a la Misa; y es el centro de la acción de gracias que se consuma en la Eucaristía.

La celebración de la Eucaristía, en lugar sagrado, debe realizarse sobre el altar; pero fuera del lugar sagrado, también puede realizarse sobre una mesa apropiada, usando siempre el mantel y el corporal, la cruz y los candeleros.

Es conveniente que en todas las iglesias exista un altar fijo, que signifique más clara y permanentemente a Cristo Jesús, la Piedra viva (1Pe 2, 4; Ef 2, 20); sin embargo, para los demás lugares dedicados a las celebraciones sagradas, el altar puede ser móvil.

Ordenamiento general
del Misal Romano, 296-298

 

Los altares pueden ser fijos o móviles. Son fijos cuando se construyen de forma unida al suelo y, por tanto, no pueden moverse. Son móviles cuando se pueden trasladar. Los altares fijos se dedican, mientras que los móviles solo se bendicen.

Conviene que en todas las iglesias exista un altar fijo, y que sea de piedra, y de una piedra natural, porque así se significa más claramente a Cristo, que es la “Piedra viva”.

La Instrucción General del Misal Romano indica que debe de construirse “el altar separado de la pared, de modo que se le pueda rodear fácilmente y la celebración se pueda realizar de cara al pueblo”. Lo que parece indicar es que debe de poderse celebrar la misa “cara al pueblo”, pero no obliga a que así sea. Más bien, parece sugerir que la construcción del altar debe de permitir que se celebra “cara al pueblo” o “cara a Dios”.

Los altares fijos se dedican por el obispo. En el momento de dedicarlos vierte el Crisma sobre ellos. También el obispo puede colocar dentro de ellos la reliquia de un santo. Anteriormente era obligatorio. Ahora es potestativo. Asimismo, anteriormente existía la obligación de que se tratara de la reliquia de un mártir, para significar la unión de su sacrificio con el Sacrificio de Cristo. Actualmente puede ser una reliquia de cualquier santo, con tal de que conste con certeza de su autenticidad.

Tomado de www.liturgiapapal.org
Editado por J.M.M.

 

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