El liberalismo es pecado 02: ¿Qué es el liberalismo?

Para combatir el liberalismo, antes es necesario saber identificarlo.

Por Felix Sardá i Salvany.
Tomado del libro: El Liberalismo es pecado.

Al estudiar un objeto cualquiera, después de la pregunta: an sit? (¿Existe?) Hacían los antiguos escolásticos la siguiente: quid sit? (¿Qué es?) y ésta es la que nos va a ocupar en el presente capítulo. ¿Qué es el Liberalismo? En el orden de las ideas es un conjunto de ideas falsas; en el orden de los hechos es un conjunto de hechos criminales, consecuencia práctica de aquellas ideas.

 

El liberalismo en el orden de las ideas.

En el orden de las ideas el Liberalismo es el conjunto de lo que se llaman principios liberales, con las consecuencias lógicas que de ellos se derivan.

Principios liberales son:

1. la absoluta soberanía del individuo con entera independencia de Dios y de su autoridad;

2. soberanía de la sociedad con absoluta independencia de lo que no nazca de ella misma;

3. soberanía nacional, es decir, el derecho del pueblo para legislar y gobernar con absoluta independencia de todo criterio que no sea el de su propia voluntad, expresada por el sufragio primero y por la mayoría parlamentaria después;

4. libertad de pensamiento sin limitación alguna en política, en moral o en Religión;

5. libertad de imprenta, asimismo absoluta o insuficientemente limitada;

6. libertad de asociación con iguales anchuras.

Estos son los llamados principios liberales en su más crudo radicalismo.

El fondo común de ellos es el racionalismo individual, el racionalismo político y el racionalismo social.

Derívanse de ellos:

  • la libertad de cultos más o menos restringida;
  • la supremacía del Estado en sus relaciones con la Iglesia;
  • la enseñanza laica o independiente sin ningún lazo con la Religión;
  • el matrimonio legalizado y sancionado por la intervención única del Estado: su última palabra, la que todo lo abarca y sintetiza, es la palabra secularización, es decir, la no intervención de la Religión en acto alguno de la vida pública, verdadero ateísmo social, que es la última consecuencia del Liberalismo.

 

El liberalismo en el orden de los hechos.

En el orden de los hechos el Liberalismo es un conjunto de obras inspiradas por aquellos principios y reguladas por ellos.

Como, por ejemplo, las leyes de desamortización (leyes que obligaban a la Iglesia a vender sus bienes); la expulsión de las ordenes religiosas; los atentados de todo género, oficiales y extraoficiales, contra la libertad de la Iglesia; la corrupción y el error públicamente autorizado en la tribuna, en la prensa, en las diversiones, en las costumbres; la guerra sistemática al Catolicismo, al que se apoda con los nombres de clericalismo, teocracia, ultramontanismo, etc., etc.

Es imposible enumerar y clasificar los hechos que constituyen el procedimiento práctico liberal, pues comprenden desde el ministro y el diplomático que legislan o intrigan, hasta el demagogo que perora en el club o asesina en la calle; desde el tratado internacional o la guerra inicua que usurpa al Papa su temporal principado, hasta la mano codiciosa que roba la dote de la monja o se incauta de la lámpara del altar, desde el libro profundo y sabiondo que se da de texto en la universidad o instituto, hasta la vil caricatura que regocija a los pilletes en la taberna.

El Liberalismo práctico es un mundo completo de máximas, modas, artes, literatura, diplomacia, leyes, maquinaciones y atropellos enteramente suyos. Es el mundo de Luzbel, disfrazado hoy día con aquel nombre, y en radical oposición y lucha con la sociedad de los hijos de Dios, que es la Iglesia de Jesucristo. He aquí, pues el Liberalismo, retratado como doctrina y como práctica.


 

 

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