¿Hasta que la muerte los separe o hasta que los defectos aparezcan?

¡Si yo sabía…! ¿Choque de dos sistemas?

Por Gregorio Cataldi

Sistema es, dicen los que saben, “conjunto de partes que actúan interdependientemente, formando un todo unitario”. Deduzco, por tanto que, matrimonio es unión de dos sistemas. Naturalmente, no tengo respaldo científico de lo expresado, puesto que ni soy psicólogo, ni filósofo. Es mi opinión basada -quizá- en más de 36 años de casado.

No es necesario ser experto para concluir que dos personas – cada cual con su impronta personal – supone tropiezos en la calidad de la interacción matrimonial. Ejemplos los vemos y sentimos cada día, con nosotros y con otros. Veamos ciertos perfiles del cónyuge:

El Romántico. Vive su vida “en las nubes, haciendo pipí angelical, mientras toca el arpa”, como diría aquel profesor. Su pareja, en cambio, “pisa tierra” y debe afrontar la vida. El romántico se siente “incomprendido” porque su “medio limón” no es sensible, ni se acordó del día “de”… ya saé loo; “oikóma katú la oga kái” (ya lo sabes; y se produce el problema de la casa).

El papá guazú. Este tipo de cónyuge se considera como el “gerente general del universo”. Es el progenitor, proveedor, profesor, contenedor, gobernador, salvador. Domina a su pareja velando y gobernándola, sin dejar de ser cariñoso y benévolo. Su palabra es “ley”,  y su cónyuge “debe aprender” a ser obediente para ser “feliz”.

– El Racional. Las emociones no deben influir en la vida conyugal. La vida en común debe ser lógica, ordenada, razonada, cumpliendo cada quien, responsablemente, sus obligaciones. Este tipo de cónyuge está dispuesto a brindar con paciencia las lógicas explicaciones de cada acontecimiento. Cumple cabalmente sus compromisos y no logra comprender, por qué el otro no hace lo mismo. Nada de interminables suspiros mirando al cielo, ni llantitos estériles.

El del síndrome de realeza medieval. Este tipo de ejemplar actúa evitando en lo posible compartir la vida íntima, aunque diga lo contrario. Por la razón que fuere, quiere que el otro respete su forma de pensar, sus sentimientos y su “independencia”, es decir, su forma de “ser”. Comparte momentos con su cónyuge, con los hijos, con amigos, con el perro…pero evita el trato íntimo. Duerme en cuarto separado, como los antiguos monarcas.

El piloto o domador. Es quien desea dirigir todas las actividades de su cónyuge. Quiere que el cónyugue piense, hable y haga lo que se le indica, como lo haría un entrenador de potros. Los habitantes de la casa deben ser “pilotados-domados”. No perdona ningún error, por mínimo que sea; ni el ínfimo descuido tolera. Basta haber tropezado con algo para criticar, juzgar y condenar. Es como una “locomotora” que guía vagones.

¿Con cuál de estos tipos de conducta me identifico? Quizá tenga un poco de todo. Así las cosas, de ahora en adelante, me propongo observar mejor a mi cónyuge, expresar mi admiración por sus cualidades, habilidades, por su entrega en la tarea del hogar, por la deliciosa comida y por aguantarme tanto tiempo.

Ciertamente, todos tenemos aspectos positivos y es muy gratificante que la persona que amamos sepa que lo reconocemos. Pero no solo hoy, sino, muy a menudo, para que se haga costumbre. De este modo ya no habrá motivos para lamentarse con el consabido: ¡sí yo sabía… no me hubiera casado!  Luego, el matrimonio, antes que el fin del amor, sea el principio que dure hasta que la muerte nos separe.

Deja un comentario