Infidelidad conyugal

¿Pecado o Ficción?

Por  Gregorio Cataldi

Fríos datos estadísticos revelan que los índices de amoríos extraconyugal van en acelerado aumento. Eso vemos también los fulanos de a pie sin estudios académicos. Las causas pueden atribuirse a distintos motivos, ninguno de ellos justificados, aunque siempre, muy bien explicados.

 

 

No faltan intelectualoides sosteniendo la teoría de que algún “infiel gen portador del coito extramarital” es nomás luego el gran culpable, que desculpabiliza, al irredimible cónyuge adúltero. Por tanto, según esta teoría, la infidelidad es cuestión genética.

 

Siguiendo la anterior línea de razonamiento, no se descarta que algún anoréxico mental academista, descubra otro escondido gen, portador de la cleptomanía, culpable de robos, grandes y pequeños. De ser así, con seguridad perderemos los primeros puesto de corrupción en el “concierto de las naciones”, como se gusta cacarear.

 

Pero… retomemos el tema inicial, para desmitificar falsas creencias, tenidas como “verdades”, por parte de una sociedad, de anémica moral con relación al adulterio. Aquí algunas colosales tilinguerías:

a)  El adulterio no daña a nadie: Según algunas versiones del populacho, ser infiel es una “diversión pasajera nomás”, unas canitas al aire ko, ¡no es para tanto!; una aventurita que termina así como comenzó..!, y demás etcéteras que se oye frecuentemente.

b) El adulterio, hasta puede “beneficiar”: En un canal de Tv, se ha escuchado sugerir que una relación extramarital puede fortalecer el vínculo conyugal, en el sentido que el sexo extracurricular, puede enseñar a ser mejores amantes….(¿?)

c) La infidelidad es cuestión exclusivamente sexual: De ser así, la fastidiosa pregunta no se hace esperar: ¿Qué tiene de diferente el/la amante – como dato sexual – que el cónyuge no tenga? Por tanto, el adulterio tiene otras causas… interés económico, curiosidad, para llamar la atención del cónyuge o sencillamente, para vengarse de él.

d) Todo adulterio termina necesariamente en el divorcio: Verdad es que el adulterio es un pecado mortal. Sufre la persona infiel, sus familiares y los verdaderos amigos. Pero, y a pesar de todo, es un mal que tiene cura. ¿Cuál es el remedio?… es el ¡Perdón!

 

Es difícil, pero no es imperdonable. Teniendo en cuenta la consabida ecuación costo-beneficio, en orden a un bien mayor, la salud espiritual y emocional de la familia, el perdón es una terapia que puede fortalecer el vínculo familiar, a partir de la férrea voluntad de redimirse.

 

Porque, como afirma Guillermo Rovirosa (1939): “Los fracasos más potentes se convierten en éxitos para toda la eternidad si son una parcela que se puede añadir al Calvario de Cristo.

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