La existencia del demonio

Existió una caída de los ángeles, estos ángeles malos promoviron el pecado y el mal, y el hombre fue seducido por ellos.

La existencia del demonio es un dogma de fe en la Iglesia Católica, negar su existencia es su mayor estrategia para arrastrar almas al infierno. La confesión de un ex satanista a un sacerdote sobre las hostias consagradas, muestran inequívocamente que el maligno es real y no un mero recurso literario y además está en las Sagradas Escrituras.

La existencia del diablo y sus demonios es un dogma de fe católica, es decir, debe ser creído por todos los fieles; ningún fiel está exento de creer en esto; no es una cuestión opcional; es uno de los dogmas de nuestra fe. Eso se comprueba por las abundantes citas de las Sagradas Escrituras que refieren a su existencia, tenemos dos mil años de tradición en la Iglesia en este punto de fe y además tenemos varias manifestaciones del magisterio de la Iglesia al respecto de eso; de modo que tenemos concilios ecuménicos que hablan claramente del diablo y de sus demonios; el más reciente de todos los concilios, el Vaticano II, habla del diablo y sus demonios unas 18 veces, con esto vemos que está en la esencia de nuestra fe. No es lo central en nuestra fe, pero está en la esencia de la misma. El catecismo de la Iglesia Católica dice en el número 391 citando el Concilio IV de Letrán de 1215:

«El diablo y los otros demonios fueron creados por Dios con una naturaleza buena, pero ellos se hicieron a sí mismos malos».

Es decir, existe una caída de los ángeles; estos ángeles malos inventaron el pecado y el mal y el hombre fue seducido por ellos. Este pecado es sobre todo un pecado de soberbia y de envidia.

El demonio no es la «personificación» del mal. Cuando hablamos de Satanás, nos referimos a un ser espiritual de naturaleza angélica que, por su soberbia y rebeldía se condenó a sí mismo a vivir para siempre apartado de Dios, llevándose consigo la tercera parte de los ángeles que servían a Dios, tampoco es una especie de antagonista de Dios, en otras palabras no es teológicamente posible ni lógicamente aceptable relacionar a Satanás como el enemigo de Dios al estilo: «Dios vs. Satanás», siendo que el demonio es una criatura finita, un ángel disfuncional que se rebeló contra su Creador, y por tanto jamás al mismo nivel de Dios, siendo que Dios es Omnipotente y Señor de todo lo creado.

La confesión de un ex-satanista

El Padre Andrew Trapp, un joven sacerdote de la diócesis de Charleston realizó una entrevista con un ex satanista en Francia. He aquí la última parte de la entrevista:

El pobre hombre probablemente sentía que estaba siendo interrogado por la CIA en este punto, pero sabiendo que nunca podría tener esta oportunidad otra vez, le pregunté:

Nicolás una última pregunta. Le dije que había oído que los que estaban muy profundo en el satanismo pueden realmente decir si una hostia había sido consagrada o no. Por ejemplo, no van a robar el pan de la comunión de comuniones protestantes, ni van a robar el pan de comunión sin bendición para profanación en las «misas negras». Si fuera así no funcionaría porque algunos de los satanistas reconocerían de inmediato que se trataba de pan común, y serían capaces de decir que Jesucristo no estaba sacramentalmente allí.

Le pregunté a Nicolás si esto era cierto. Él respondió que era así, y él dijo que podía hacerlo antes de su conversión del satanismo.

Un escalofrío me recorrió la espina dorsal. Si alguien pusiera diez hostias idénticas frente a él, nueve no consagradas y una consagrada, él habría sido capaz de señalar directamente e inmediatamente la hostia que había sido consagrada. Le pregunté con asombro: «¿Pero cómo puede saberlo?» Él me miró y pronunció palabras que quedaron para siempre en mi memoria: «Debido al odio», dijo. «Debido al odio ardiente que sentía hacia esa hostia».

¿Qué encontramos en las Sagradas Escrituras?

Se suele decir que en el Antiguo Testamento no tenemos ninguna referencia al demonio. Ahora bien, el texto original del Antiguo Testamento fue casi todo escrito en hebreo, lengua sagrada de los judíos; en griego tenemos sólo los libros deuterocanónicos: Tobías, Judit, Baruc, Eclesiástico, 1 y 2 Macabeos, Sabiduría, además de fragmentos (Daniel 3,24-90; 13,1-14,42; Ester 10,4-16,24). En consecuencia, se comprende que el texto original (hebreo) del Antiguo Testamento no puede presentar el vocablo daimon o daimonion (= demonio), que es griego. ¿Será que realmente no se menciona al demonio en el Antiguo Testamento?.

Aunque no existe la palabra griega daimon en los escritos hebreos del Antiguo Testamento, existen palabras hebreas equivalentes, como son:

a) Satán = Adversario. Este es un ángel que aparece en el libro de Job como detractor del hombre y causante de sus desgracias; cf. Job 1,7; 2,2; ver también 1Rs 22,19-23. Más claramente en 1Cr 21,1, donde Satán es visto como el que instiga al hombre al pecado;

b) Belial = Sin utilidad:  Es el ángel malvado, mencionado en 2Sm 23,6: «Los hombres de Belial son todos como la espina rechazada…»; Job 34,18: «Dios, que dice a un rey: “Belial”».

San Pablo designa como Belial al jefe de los espíritus malos, que se opone a Cristo y se manifiesta en la vida de los paganos:

«¿Qué acuerdo hay entre Cristo y Belial? ¿Que relación entre el fiel y el infiel?» (2Cor 6,15).

c) Asmodeo (= Exterminador) es el ángel malo que mató sucesivamente a los siete pretendientes de Sara, hija de Raguel; cf. Tb 3,8; 6,14.

d) Baalzebub (= Señor de las moscas) era el nombre de una divinidad filistea (o de Acaron); cf. 2Rs 1,2016. Los judíos, después del exilio (586-538 a.C.), evitaban pronunciar el nombre de Satán Berakot; por esto, en su lugar, usaban el nombre Baalzebub, deformación de Baalzebul (= don de la casa, es decir, Príncipe de la Moral Infernal). Finalmente los rabinos, queriendo escarnecer a los ídolos, modificaron el nombre a Baalzebel (= Señor del Estiércol). Ver el Nuevo Testamento Mc 3,20.

e) Serpiente Tentadora, que indujo a los primeros padres al pecado: Génesis 3,1-6. El texto griego del libro de la Sabiduría presenta a esa Serpiente como el diábolos (= el diablo); ver Sb 2,24.

En cuanto al exorcismo o al rito aplicado para expulsar al demonio, lo encontramos entre los judíos del tiempo de Cristo. Así, el historiador judío Flavio Josefo (37-95 d.C.), en su libro Antigüedades Judías 8,45s, presenta la descripción del exorcismo efectuado en la época; además de esto, refiere que fueron atribuidas al rey Salomón «sentencias adecuadas para obtener el remedio de enfermedades, y fórmulas de exorcismo mediante las cuales se podían subyugar y rechazar los espíritus de modo que no consiguieran volver».

El Nuevo Testamento da testimonio de que los judíos practicaban el exorcismo – lo que supone la creencia en la existencia del demonio. Hay que tener en cuenta:

Hch 19,13: «Algunos de los exorcistas judíos ambulantes comenzaron a pronunciar, ellos también, el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos. Y decían: “¡Yo os conjuro por Jesús, a quien Pablo proclama!”».

El propio Jesús se refería a los exorcistas

Mt 12,27s: «Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros adeptos?… Pero si es por el Espíritu de Dios que yo expulso a los demonios, entonces el Reino de Dios ha llegado a vosotros».

Jesús mismo practicaba exorcismos, como se desprende de este texto y de otros, como Mt 9,32-34; 12, 22-24; 15, 21-28; Mc 1,23-28; Lc 8,28s; 13,10.17.

Notemos, además, que los evangelistas distinguen entre posesos y enfermos, aunque algunos de los casos de posesión, en el Evangelio, se asemejen a enfermedades. Ver Mc 1,34; Mt 8,16s; Lc 6,18 y especialmente Lc 4,40s:

«Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos afectados de males diversos, los traían y Jesús los curaba. De un gran número salían también demonios, gritando: “Tú eres el Hijo de Dios”».

Los exorcismos realizados por Jesús eran la señal de que se estaba destruyendo el imperio de Satanás y se inauguraba el Reino de Dios: Mt 12,28; Jo 12,31. Ver Lc 10, 17-20:

«Los setenta y dos volvieron con alegría, diciendo: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre”. Él les dijo: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un relámpago. Os he dado poder para pisotear serpientes y escorpiones y todo el poder del Enemigo, y nada os podrá causar daño. Con todo no os alegréis porque los espíritus se os sometan; alegraos, más bien, porque vuestros nombres están inscritos en los cielos».

A la vista de este texto y de otros, no se puede decir, con Dallegrave, que «Cristo nunca hizo exorcismos, ni tampoco recomendó que los apóstolos los hiciesen». En verdad, Jesús no fingió estar ante el maligno ni hizo teatro al exorcizarlo, como si no hubiese posesión diabólica. Adaptándose a una creencia «errónea» de sus contemporáneos, Jesús habría confirmado a los judíos en su «error» y habría transmitido a los cristianos la falsa noción de posesión diabólica. Pero no, Jesús vino justamente con la misión de disipar los errores y dar testimonio de la verdad – lo que no es compatible con el fingimiento y el teatro:

Jn 18,37: «Para esto nací y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Quien es de la verdad, escucha mi voz».

Por consiguiente, es forzoso admitir que Jesús, Maestro de la Verdad, no «hizo payasadas», sino que confirmó la creencia en la posesión diabólica e hizo exorcismos. Después de Jesucristo, la Iglesia durante veinte siglos (hasta hoy) afirmó y afirma la posibilidad de la posesión diabólica. Existe un Ritual de Exorcismo Solemne, que se utiliza en casos precisos.

Por Hno. Cristian Alfonso, CMJ

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