Visita a las siete Iglesias

 

Estas visitas y la oración en cada sitio simboliza el acompañamiento de los fieles a Jesús.

La antiquísima tradición de visitar siete templos el Viernes Santo, día en que Nuestro Señor Jesucristo ha redimido a la humanidad entera por medio de su dolorosa pasión y muerte, está íntimamente relacionada a los recorridos que él hizo desde el Cenáculo hasta el lugar del suplicio final: el Monte Calvario. La práctica de esta devoción lleva a profundizar de modo más íntimo en la agonía que padeció Cristo y su insondable amor al género humano.

Esta magnífica forma de unirse al Salvador en su amarga pasión fue introducida en Roma en el siglo XVI por San Felipe Neri, el incansable apóstol que atraía multitudes, para contrarrestar la decadencia moral acarreada por el Renacimiento. Él tuvo la idea, secundada por Papas y numerosos cardenales, de organizar visitas a siete históricas iglesias romanas: las cuatro Basílicas principales (San Pedro, Santa María Mayor, San Pablo extramuros y San Juan de Letrán), y las iglesias de San Lorenzo, Santa Cruz y San Sebastián.

Rápidamente la costumbre se propagó por todo el orbe católico, llegando hasta nuestros tiempos. El fervor de los católicos generó que esta práctica aún se tenga muy presente hasta nuestros días, especialmente en nuestro país, donde las costumbres católicas y la piedad popular aún se encuentran muy arraigadas en los fieles.

Al término de la Misa de Jueves Santo «In Coena Domini», que conmemora la institución de la Sagrada Eucaristía y del sacerdocio de la Iglesia, el tabernáculo queda vacío, en memoria de la muerte de Jesús; por lo que la reserva del Santísimo Sacramento se traslada a un lugar especial, tradicionalmente denominado «Monumento» o Capilla.

De esa manera, desde la noche de Jueves Santo hasta la Misa de Resurrección los sagrarios de todas las Iglesias quedan sin hostias, para simbolizar la trágica ausencia de Nuestro Señor “crucificado, muerto y sepultado”, y así en recuerdo de este excepcional momento que vive la Iglesia para acompañar a Cristo en su pasión, San Felipe inicia con su Congregación llamada el Oratorio, un peregrinaje por las Iglesias de Roma en la que medita cada agonía y dolor de Nuestro Señor.

Por lo que las visitas a las siete Iglesias deben realizarse a los “Sagrarios”, donde el Santísimo Sacramento está reservado, siendo posible adorarlo y agradecerle por su muerte redentora y por cada momento vivido en la vía dolorosa. El recorrido por los siete templos y la oración en cada lugar, simbolizan el acompañamiento de los fieles a Jesús, en cada uno de los lugares recorridos en la noche que fue apresado hasta su crucifixión.

Acerca de esta santa práctica iniciada por San Felipe, el P. Leandro en un manuscrito suyo, titulado “Diario de San Felipe Neri”, dice así: “En el año 1552 inició la práctica de ir a las siete Iglesias. Tal como atestigua Domingo Jordán,comulgaban casi todos los que iban, a veces mil, y a veces dos mil personas. Por el camino se cantaban Salmos e Himnos, había una alegría que parecía estar en el Paraíso; se convertía mucha gente, y hacía gran fruto en las almas, llegando alguna vez, como dice el Abate Maffa, al número de tres o cuatro mil personas. Con este ejercicio, el Jueves Santo, se transformó en un día de peregrinación y de ganancia para las almas.

Los siete recorridos de Nuestro Señor

Lo esencial de las visitas es recorrer siete iglesias, en memoria de los siete recorridos que hizo Nuestro Señor Jesucristo, desde el Cenáculo hasta el lugar del suplicio final, el Monte Calvario.

Ese número corresponde a las siguientes estaciones por las que pasó Nuestro Señor Jesucristo durante su cautiverio: 1) Desde el Cenáculo hasta el huerto de Getsemaní 2) del huerto hasta el palacio de Anás; 3) de allí al tribunal de Caifás; 4) del tribunal de Caifás al pretorio (palacio de gobierno) de Pilatos; 5) de Pilatos al palacio del rey Herodes; 6) de vuelta al palacio de Pilatos; y 7) del palacio de Pilatos al monte Calvario.

Qué meditar, qué pedir

En cada estación se hace una breve meditación sobre el respectivo traslado de Nuestro Señor o efusión de su Sangre, y delante del Monumento se rezan cinco Padrenuestros, Avemarías y Glorias, en acción de gracias por la institución de la Sagrada Eucaristía, más un sexto Padrenuestro, Avemaría y Gloria por las intenciones del Romano Pontífice.

Meditaciones

Primera Iglesia: Jesús en el huerto

Medita: Serían como las 10 de la noche al llegar Jesús al Huerto de Getsemaní. Su alma se llenó de tristeza, entró en agonía ante la visión de los sufrimientos que se le venían encima y la ingratitud de la humanidad. Oró por espacio de tres horas con lágrimas y sudor de sangre, que en gotas cayó en tierra. Aquí llegó Judas y con un beso lo entregó a quienes vinieron a aprehenderle, aunque más bien fue su Amor a ti el que le entregó.

Segunda Iglesia: Jesús en casa de Anás

Medita: Jesús, maniatado como un vulgar malhechor, interrogado por Anás sobre sus discípulos y doctrina, responde con entereza y mansedumbre que pregunte a quienes le han escuchado y que saben bien lo que Él ha dicho y enseñado. Un guardián le dio una bofetada que de seguro lo hizo tambalearse.

Tercera Iglesia: En casa de Caifás

Medita: Aquí Jesús tiene que oír cómo se tergiversan sus doctrinas. Cómo se aducen falsos testimonios en su contra. Cómo se le reta a proclamar que es Hijo de Dios, pero sin intención de reconocerle. Cómo Pedro niega conocerle. Cómo se le declara reo de muerte.

Cuarta Iglesia: En casa de Pilato

Medita: Jesús es acusado ante Pilato de malhechor, alborotador del pueblo, que prohíbe pagar el tributo al César y que se proclama rey. Pero Él también anuncia que todo el que es de la verdad escucha su voz. Lo que piden es que sea condenado a muerte.

Quinta Iglesia: En casa de Herodes

Medita: Herodes, curioso, pero sin compromiso, se alegra de ver a Jesús. Espera divertirse viéndole hacer algún milagro. Jesús guarda silencio ante la palabrería con que Herodes le halaga. Al no tener respuesta, le desprecia, se burla de Él, poniéndole una túnica blanca.

Sexta Iglesia: De nuevo en casa de Pilato

Medita: Pilato reconoce que Jesús ni es alborotador ni ha cometido delito alguno de los que le acusan. Como que quiere dejarle libre; pero claudica ante las presiones de los adversarios que han jurado acabar con Jesús porque les resulta incómodo; su conducta y sus enseñanzas chocan con sus intereses. Total: Jesús es condenado a muerte de cruz, flagelado, coronado de espinas.

Séptima Iglesia: En el Santo Sepulcro

Medita: Jesús ha muerto en la cruz entre indecibles dolores, burlas, desprecios y abandonado de Dios. La Madre y los amigos que lo han acompañado en estos duros momentos, no han podido hacer nada. Unos amigos lo sepultan piadosamente. Se han cumplido las escrituras. Ahora a esperar el tercer día. Él, el poderoso en obras y palabras, ha dicho que resucitará.

Las siete efusiones de su Sangre

Igualmente las visitas honran las siete efusiones de Sangre del Salvador, reviviendo los diversos momentos en los que el Señor Jesús derramó su sangre por nuestra redención:

1) la circuncisión; 2) el sudor de sangre en el huerto de Getsemaní; 3) la flagelación; 4) la coronación de espinas; 5) cargando la cruz a camino del Calvario; 6) sus manos y pies traspasados por los clavos de la crucifixión; 7) en su Corazón perforado por la lanza de Longinos.

Además se pide a Dios por el precio de la Pasión de su Hijo, y por la intercesión de la Santísima Virgen:

  1. Que nos libre de los siete pecados capitales.
  2. Que nos conceda las siete virtudes (Teologales: fe, esperanza y caridad; Cardinales: justicia, prudencia, templanza, fortaleza).
  3. Y nos dé los siete dones del Espíritu Santo. (sabiduría, entendimiento, consejo, temor de Dios, ciencia, fortaleza, piedad). Sobre todo que nos dé el don “olvidado”, el santo temor de Dios…

No pudiendo visitar iglesias diferentes, se puede cumplir con esta devoción entrando y saliendo de un mismo templo.

 

 

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