Maternidad Divina de María

1 de enero, Solemnidad de Santa María Madre de Dios.

«Fiat mihi secundum Verbum tuum» Hágase en mí según tu Palabra. Así, se daba inicio a la historia de nuestra salvación; en donde de una humilde mujer de Nazaret, llamada María, se esperaba la pronunciación de una sola palabra, de afirmación o de negación. Y, esta afirmación le bastó para convertirse en no sólo madre de Dios, sino que también, en madre de toda la humanidad.

Por Hna. Noelia Cáceres, CMJ

Como católicos, veneramos a nuestra Santísima Madre María, porque ella es la Madre de Dios, y porque además, ese título está plasmado por toda la eternidad en las Sagradas escrituras, y lo vemos en el saludo que le hizo su prima Isabel cuando se llenó del Espíritu Santo: «¿quién soy yo para que la Madre de mi Señor venga a visitarme?».

Así, en el corazón de las ciudades cristianas María constituye una presencia dulce y tranquilizadora, con su estilo discreto da paz y esperanza a todos en los momentos alegres y tristes de la existencia.

En las iglesias, en las capillas, en las paredes de los edificios; un cuadro, un mosaico, una estatua, recuerda la presencia de la Madre que vela constantemente por sus hijos.

Pero se trata de una madre del todo singular, elegida por Dios para una misión única y misteriosa, la de engendrar para la vida terrena al Verbo eterno del Padre, que vino al mundo para la salvación de todos los hombres. Y María, Inmaculada en su concepción, realizó su peregrinación terrena sostenida por una fe intrépida, una esperanza inquebrantable y un amor humilde e ilimitado, siguiendo las huellas de su Hijo Jesús. Estuvo a su lado con solicitud materna desde el nacimiento hasta el Calvario, donde asistió a su crucifixión agobiada por el dolor, pero inquebrantable en la esperanza. Luego experimentó la alegría de la resurrección, al alba del tercer día, del nuevo día, cuando el Crucificado dejó el sepulcro venciendo para siempre y de modo definitivo el poder del pecado y de la muerte.

María, en cuyo seno virginal Dios se hizo hombre, es nuestra Madre. En efecto, desde lo alto de la cruz, Jesús, antes de consumar su sacrificio, nos la dio como madre y a ella nos encomendó como hijos suyos. Misterio de misericordia y de amor, don que enriquece a la Iglesia con una fecunda maternidad espiritual.

Dogma de María Madre de Dios

En el año 431, se llevó a cabo el Concilio de Éfeso donde se proclamó oficialmente que María es Madre de Dios.

«Desde un comienzo la Iglesia enseña que en Cristo hay una sola persona, la segunda persona de la Santísima Trinidad. María no es sólo madre de la naturaleza, del cuerpo, pero también de la persona quien es Dios desde toda la eternidad. Cuando María dio a luz a Jesús, dio a luz en el tiempo a quien desde toda la eternidad era Dios. Así como toda madre humana, no es solamente madre del cuerpo humano sino de la persona, así María dio a luz a una persona, Jesucristo, quien es ambos Dios y hombre, entonces Ella es la Madre de Dios» (Concilio de Éfeso).

María es Madre de Dios. Este es el principal de todos los dogmas Marianos, y la raíz y fundamento de la dignidad singularísima de la Virgen María. María es la Madre de Dios, no desde toda la eternidad sino en el tiempo.

El dogma de María Madre de Dios contiene dos verdades:

1 – María es verdaderamente madre: Esto significa que ella contribuyó en todo en la formación de la naturaleza humana de Cristo, como toda madre contribuye a la formación del hijo de sus entrañas.

2 – María es verdaderamente madre de Dios: Ella concibió y dio a luz a la segunda persona de la Trinidad, según la naturaleza humana que Él asumió.

María por ser Madre de Dios trasciende en dignidad a todas las criaturas, hombres y ángeles, ya que la dignidad de la criatura está en su cercanía con Dios. Y María es la más cercana a la Trinidad. Madre del Hijo, Hija del Padre y Esposa del Espíritu Santo.

«No hay criatura que haya contribuido tanto como María a la reconciliación de Dios con los hombres. Ella nos trajo al Redentor. Ella es la mediadora ante el único Mediador que es Cristo. Por medio de ella vino al mundo el que hizo las paces entre Dios y los pecadores» (Santo Tomás de Aquino).

Con este pensamiento del Angélico Doctor, no temamos como fieles devotos, y por sobre todo, hijos suyos, acudir siempre al auxilio de esta Madre que nunca nos desamparará, sino que, si confiados acudimos a Ella en todo momento, estará allí dándonos su asistencia y consuelo maternal.☐

 

 

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