Mi Inmaculado Corazón será tu refugio

Ella obtendrá la paz para el mundo y la libertad completa a la Iglesia santa de Dios.

 

Por Raquel Almada

El 13 de Junio de 1917 la Santísima Virgen María dijo a Lucía Martos durante la segunda aparición en Fátima, Portugal: “¡No te desanimes! Nunca te dejaré. Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá a Dios”, con estas palabras la Madre de Dios consuela a la pequeña vidente, y le transmite palabras esperanzadoras que hoy son para nosotros promesas eternas de una Madre espiritual cuyo corazón late por toda la humanidad.

En la tercera aparición, la Virgen María les mostró a los tres pastorcitos los sufrimientos que padecen las almas en el infierno y les dijo: “Habéis visto el infierno, donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si se hace lo que te digo, se salvarán muchas almas y habrá paz; terminará la guerra… Quiero que se consagre el mundo a mi Corazón Inmaculado y que en reparación se comulgue el primer sábado de cada mes… Si se cumplen mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz… Al final triunfará mi Corazón Inmaculado y la humanidad disfrutará de una era de paz”.

Estas reveladoras palabras de la Virgen son tan actuales como en los tiempos de las apariciones. Como madre de la humanidad, quiso revelarnos por medio de los pequeños pastores cuál es el destino del hombre que muere en pecado y cómo sufren las almas que van al infierno. Como Madre e intercesora nuestra, ella quiso prevenir a sus hijos para que preparen sus corazones y lleguen a la conversión dejando el pecado.

No en vano, en cada aparición, la Virgen siguió pidiendo a los videntes no cansarse nunca de rezar el Santo Rosario, una de las armas más poderosas que poseen los cristianos para su santificación y para vencer al mal, pues en cada cuenta del rosario la invocamos a ella, a la Llena de Gracias, a la mujer que aplastó la cabeza de la serpiente y quien se encuentra más cerca de Nuestro Señor Jesucristo.

El Inmaculado Corazón es la máxima expresión del amor desbordante de María para con sus hijos. Ella quiere salvarnos de las garras de Satanás y conducirnos a la vida eterna. Por medio de la Madre del Redentor nos viene la paz y la confianza, pues sus palabras son claras y contundentes: “Nunca te dejaré. Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá a Dios”.

En 1942, en plena II Guerra Mundial, el Papa Pío XII consagró el mundo al Corazón Inmaculado de María y más tarde, el 4 de mayo de 1944, el mismo pontífice estableció oficialmente la fiesta del Corazón Inmaculado de María en toda la Iglesia, para obtener por medio de la intercesión de María “la paz entre las naciones, libertad para la Iglesia, la conversión de los pecadores, amor a la pureza y la práctica de las virtudes”.

El papa San Juan Pablo II declaró que la conmemoración del Inmaculado Corazón de María será de naturaleza “obligatoria” y no “opcional”. Es decir, por primera vez en la Iglesia, la liturgia para esta celebración debe realizarse en todo el mundo Católico.

La fiesta del Inmaculado Corazón de María está íntimamente ligada a la del Sagrado Corazón, que es celebrado el día anterior (viernes). La Iglesia celebra las dos fiestas en días consecutivos para manifestar que estos dos corazones son inseparables.   

Venerar el Inmaculado Corazón de María es venerar a la mujer que Dios eligió como Madre, a la mujer que desde el cielo intercede por nosotros. Su corazón está lleno de amor por sus hijos a quienes siempre espera, y nunca desatiende las súplicas y peticiones que le son dirigidas.  

En el texto de la consagración del mundo al Inmaculado Corazón, el Papa Pío XII pronunció: “Ante tu trono nos postramos suplicantes, seguros de alcanzar misericordia, de recibir gracias y el auxilio oportuno… Obtén paz y libertad completa a la Iglesia santa de Dios; detén el diluvio del neopaganismo; fomenta en los fieles el amor a la pureza, la práctica de la vida cristiana y del celo apostólico, para que los que sirven a Dios aumenten en mérito y número

No tengamos miedo de pedir con insistencia al Inmaculado Corazón de María: ¡Llévanos a Jesús de tu mano!

 

Devoción de los Cinco Primeros Sábados

Esta es una devoción al Corazón de María. En diciembre de 1925, la Virgen se le apareció a Lucía Martos, una de las tres pastorcitas vidente de Fátima, y le dijo: “Yo prometo asistir a la hora de la muerte, con las gracias necesarias para la salvación, a todos aquellos que en los primeros sábados de cinco meses consecutivos, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen la tercera parte del Rosario, con intención de darme reparación”.

Junto con la devoción a los nueve Primeros Viernes de Mes, ésta es una de las devociones más conocidas.

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