“Mi modelo de obispo es Jesucristo”

Entrevista al Arzobispo de Asunción, Mons. Edmundo Valenzuela.

 

 

Por el P. Jorge Miguel Martínez

Asunción es la jurisdicción eclesiástica más poblada del Paraguay. Sin embargo, este desafío no desanimó al Pa’í Edmundo de aceptar un encargo tan difícil como importante: ser arzobispo de Asunción. Y desde el primer día de su ministerio episcopal, no dejó, como misionero que es, de dar vueltas por toda la arquidiócesis, o la “arqui”, como le gustan llamarla a los de casa.

Fue el Papa Benedicto XVI quien decidió nombrar a Mons. Edmundo Valenzuela como obispo coadjutor de Mons. Pastor Cuquejo el año 2011. Coadjutor es el obispo que auxilia al titular, pero con derecho a sucesión. Una vez que la sede episcopal queda vacante, será este –el coadjutor– quien asuma automáticamente el cargo pastoral.

Y así fue que, como “misionero peregrino”, recorrió –antes mismo de asumir la titularidad de la arquidiócesis– la gran mayoría de las parroquias e instituciones educativas y religiosas, conociendo a casi cada sacerdote o religioso para animarlos en su labor de cada día.

Hemos procurado resumir un extensa entrevista donde Mons. Edmundo Valenzuela nos expone, en el calor de una amena charla, sus modelos, su experiencia, las cosas que marcaron su vida y el futuro de la misión que la Iglesia le ha encomendado.

 

Modelos de Pastores

P. Miguel: Mons. Edmundo, comencemos por los modelos. ¿Qué modelos tiene para su ministerio episcopal?

Mons. Edmundo: Mi primer modelo es Jesucristo, el primer obispo; él es el pastor, el sacerdote, el servidor, el hombre que ha sabido entender profundamente a los hombres, desde su experiencia en Nazaret, pero por sobre todo, desde su divinidad ha comprendido qué es el ser humano. Luego, San Francisco de Sales y Don Bosco. También considero como ejemplos a imitar a dos renombrados Obispo paraguayos: Mons. Juan Sinforiano Bogarín, quien ha tenido una tremenda labor pastoral en una época importante de nuestro país, así como también al recordado Mons. Ismael Rolón, con quien trabajé en los primeros años de mi sacerdocio.

 

Experiencia en medio de los jóvenes y los pobres

P. Miguel: Seguramente Ud. comenzó en las labores educativas propias de los hijos de don Bosco.

Mons. Edmundo: Ciertamente estuve muchos años como sacerdote salesiano en Asunción. Tengo 10 años de experiencia como Director de Colegios Católicos Salesianos. He tenido mucha intervención en el campo educativo como Secretario Ejecutivo del área de Educación de la Arquidiócesis de Asunción y en la presidencia de la Asociación de Instituciones Educativas Católicas.

 

P. Miguel: Cuéntenos un poco, por favor, de sus anteriores experiencias pastorales.

Mons. Edmundo: He llegado a la Arquidiócesis de la Santísima Asunción, después de haber servido en el Chaco Paraguayo durante 6 años. Antes de eso, realicé una experiencia misionera en Angola, al Sur de África, donde viví 15 años.

 

P. Miguel: En África ¿Cuál ha sido la realidad que encontró allá?

Mons. Edmundo: Todo ese periodo fue un momento de crecimiento espiritual grandioso para mí. Pude conocer y compartir el sufrimiento de las personas estando a su lado, con ellos aprendí a ser pastor. Con ellos aprendí lo que es Cristo Jesús en medio de su pueblo en Israel, en medio de la pobreza, la marginación y los pecadores; así como en medio de los conflictos entre Israel y el Imperio Romano, en medio de una esperanza mesiánica, Jesús ahí se insertó y participó de la vida diaria de la gente, ha vivido plenamente su encarnación, que no es simplemente tomar carne en el seno de María Santísima, sino que es asumir todo lo humano.

Lo de África fue la experiencia de ver al pastor que no puede estar alejado de la gente e insensible. El pastor debe asumir la realidad y desde el amor de Cristo Jesús, desde esa fuerza que recibimos del Espíritu Santo, que es la gracia, ir transformando toda una gran realidad.

Como misionero en Angola me tocó experimentar tiempos difíciles,  como la guerra y la precariedad: la violencia estaba institucionalizada. La muerte era el festín de todos los días. Las personas morían en los bombardeos, por falta de alimentos y medicamentos. En medio de todos esos disturbios, hemos trabajado y atendido a la gente transmitiéndoles esperanza.

En tierras africanas realice un constante acompañamiento a los niños que quedaban huérfanos por la muerte de sus padres. Dábamos cristiana sepultura a las víctimas de los atentados y contención emocional a las personas que lo habían perdido todo.

Las personas se refugiaban debajo de los edificios seguros, o bien, detrás de bolsas de arenas que eran colocadas en formas de columnas para amortiguar la caída de las bombas que estallaban arrasando casas, animales y personas.

Recuerdo una mañana: yo estaba en la parroquia y escuche pasar las bombas; en ese momento me puse a pensar en qué dirección irían a parar; al mismo instante recordé que a 1 kilómetro del lugar donde me encontraba, estaba la casa del Obispo de la zona, un lugar que servía de refugio y donde unas mil personas estaban a esa hora de la mañana realizando sus actividades cotidianas. Lastimosamente la mayoría de ellas fueron afectadas por la explosión y muchos niños y adolescentes quedaron gravemente heridos y otros mutilados. Nadie salió del lugar, todos permanecieron allí debido al miedo que les anestesiaba y que no les permitía reaccionar. Yo les he encontrado a todos asustados y lo más rápido que pude les transladé al centro asistencial de los militares. Con ellos (con los africanos) he aprendido ha ser pastor.  

Durante los años que viví en el continente africano aprendí bastante sobre el dolor humano, pues viví junto a otras personas todo lo que un hombre puede pasar: terror, miedo, llanto y desesperación. En cada palabra les transmitíamos esperanza y les alentábamos diciéndoles que llegarían tiempos mejores. Les hemos abierto el camino que no es simplemente el de esta tierra, sino el camino al cielo, ayudándoles a entender que los que han muerto han sido llamados a una vida superior que esta tierra.

A pesar del duro momento que me tocó como misionero fuera del país, me he mantenido firme como pastor para consolar a los demás, pero ha visto a muchos religiosos desesperarse por la catastrófica situación. Puedo decir con certeza, que en esta experiencia Dios me fue preparando para ir después al Chaco, Alto Paraguay, donde estuve 6 años en una zona inhóspita, abandonada y marginada.

Al regreso a nuestro país de la grandiosa experiencia vivida en Angola, Dios me ha llevado a esa zona del país para aprender y sentir lo que significa estar alejado de todos en lugares inundados, pasando dias sin comer, sin agua potable, sin condiciones sanitarias, sin nada, esperando que otros vengan a rescatarnos o esperar que alguien por equivocación pase por esa zona y nos pueda extender una mano.

 

El modelo salesiano

P. Miguel: Pasando ahora al carisma que lo formó como sacerdote ¿Usted ve en el fundador de los salesianos a un modelo que imitar?

Mons. Edmundo: Y como soy salesiano, veo a San Francisco de Sales como un modelo de pastor a seguir: la amabilidad, la dulzura, la paciencia, el diálogo con las personas, la comprensión, el acercamiento y el cariño a todas las personas, que son reflejos de este gran santo que ha creado un humanismo sumamente interesante en contraposición  del iluminismo del siglo XVI y XVII.  Ese humanismo que ha insistido en sus escritos, es para mi un elemento muy importante al que debo imitar.

También en Don Bosco, en quien se refleja todo lo que significa su educación, predilección por los jóvenes, su acercamiento a las clases juveniles más abandonadas y más marginadas, y el trabajo por ellos, ya que si se quiere cambiar un país, hay que comenzar por una educación diferente, no una imitación de los errores y las costumbres del ambiente, sino una educación  diferente, pues Don Bosco veía que la educación era un llamado a la santidad.

 

La Arquidiócesis y el trabajo pastoral

P. Miguel: ¿Cómo describiría a la Arquidiócesis de Asunción?

Mons. Edmundo: La Arquidiócesis de Asunción es una Iglesia particular sumamente rica en instituciones. Actualmente cuenta con 86 Parroquias y unas 600 capillas. Todas muy activas con un gran espíritu de religiosidad popular en cada una de ellas. También contamos con 104 instituciones educativas y la Universidad Católica, en la que juntando con las demás sedes del país tiene unos 24 mil estudiantes.

 

LA LITURGIA

P. Miguel: En el Campo de la Liturgia ¿Qué aspectos podemos resaltar?

Mons. Edmundo: Existe una fuerza grande de parte de las parroquias, porque me he dado cuenta en estos años que después del Concilio (Vaticano II), la liturgia vino a menos. Pero desde los años 90 se vino repuntando la vida litúrgica de los fieles, y creo que ha sido con la tarea desenvolvida por Mons. Felipe Santiago Benítez, el predecesor de Mons. Pastor Cuquejo, con quien inició la renovación y las reformas en los templos. Posteriormente con Mons. Cuquejo se dio mucho impulso para que los templos sean refaccionados y luzcan arquitectónicamente bellos. Hemos contado con la ayuda de sacerdotes canadienses que en época de Mons. Rolón y Mons. Benítez han construido templos muy buenos y nos ayudaron mucho a recuperar el culto.

Un punto fundamental también es la adhesión de parte de los fieles a estos proyectos, pues se han conformado muchos equipos de liturgia (lectores, monitores y los diferentes grupos de servidores del ministerio musical). Todas las Iglesia tienen más de tres coros de jóvenes. Hay muchos ministros extraordinarios de la Comunión que se encargan de llevar la Eucaristía a los enfermos realizando una atención pastoral desde el culto.

Me doy cuenta que todas las parroquias tienen sus libros litúrgicos renovados, no le faltan los leccionarios, los altares son buenos y los presbiterios adecuados. Se ha recuperado de nuevo con lo que el Concilio Vaticano II ha comenzado, ya que el Concilio Vaticano II no comenzó con la Gaudium et Spes, sino que comenzó con la Sacrosactum Concilium, es decir, la relación de la Iglesia con Dios en la Liturgia, y esto es el fundamento para que esta Arquidiócesis pueda comenzar a poner en marcha otros temas.

El Cristo sacerdote, es decir la liturgia, la santificación del pueblo Cristiano. Esto ha sido un trabajo magnífico en la Arquidiócesis, y puedo decir que nuestras parroquias están llenas de fieles, todas las misa tienen una muy buena cantidad de fieles. Creemos que el 20% de la población parroquial asiste a misa, es una cantidad considerable, pues si vinieran todos los fieles necesitamos de más sacerdotes y religiosas.

Aprovecho para extender mi profundo agradecimiento a los anteriores sacerdotes y a los Obispos de la Arquidiócesis, por haberse dedicado a recuperar la liturgia. Hoy día la Eucaristía dominical es una fiesta, todavía tenemos mucho que superar y crecer. Sin embargo todavía caemos en el ritualismo, las misas rituales sin vida, donde están los files escuchando y participando en silencio. Soy del parecer que los fieles están llamados a una participación no sólo de presencia física, sino de alegría y de gozo, a través de los cantos y las oraciones,  y a través de las homilía que renovando el compromiso en los fieles los oriente al trabajo pastoral. Lo fuerte de esta Diócesis es su parte litúrgica, pero veo que tenemos que trabajar bastante  en la parte de las enseñanza.

 

LA CATEQUESIS

P. Miguel:  ¿Y en el campo de la Catequesis?

Mons. Edmundo: Nuestra catequesis es muy floja, lo que en guaraní se dice: Ipererí eterei.

Nuestra formación cristiana adolece, no accedemos a lo que el Concilio Vaticano nos ha pedido, no accedemos a la palabra de Dios, ni a la tradición. Si ya nos cuesta acceder a la escritura, menos aún a la tradición. Pocos son los que citan a los santos padres, poquisimo los que tienen interés en conectar toda nuestra fe actual con la tradición.

Solo algunos citan al magisterio de Pablo VI o al de Juan Pablo II, igualmente pocos mencionan a Benedicto XVI, quien fue el maestro que ha colocado en orden muchas cosas doctrinales en la Iglesia. Y en estos tiempos, el gran pastor, el experto en pastoral que es el Papa Francisco, quien con su EvangeliI Gaundium nos ha dado una perspectiva increíblemente grande.

 

LA FORMACIÓN DE LOS LAICOS

Miguel:  ¿Cómo pretende trabajar con el sector laical?

Mons. Edmundo: También considero que el sector que más adolece y el que debe ser potenciado en gran medida es la enseñanza a los laicos, por lo que como líder espiritual de esta zona del país, he propuesto a todo el clero que juntos asumamos la formación de los laicos, no una formación ocasional coyuntural, sino una formación sistemática, universitaria, que capacite, para que a través de un Instituto de Catequética podamos contar con catequistas preparados en el futuro. En este proyecto estamos trabajando.

 

CRISTO, SERVIDOR A TRAVÉS DE LA CARIDAD

Padre Miguel: Háblenos de la Pastoral Social

Mons. Edmundo: En cuanto al campo de la pastoral social, también estamos adoleciendo. Tenemos muy pocas parroquias que se dedican a organizar la pastoral social; de las 86 Parroquias, sólo 20 tiene organizada su pastoral social, y esto para mí es una gran preocupación, porque un número muy grande de parroquias se centran solamente en el culto y la educación en la fe, y muy pocos en lo que tenga relación con la pastoral social.

 

LA ATENCIÓN DEL ARZOBISPO A CADA SACERDOTE

Padre Miguel: Durante los tres años que estuvo como Obispo Coadjutor  ¿Qué actividades pudo realizar en ese periodo?

Mons. Edmundo: Durante ese período, tuve la oportunidad de visitar todas las parroquias. He podido hablar con cada uno de los sacerdotes, al menos una a dos horas cada uno; puedo decir que conozco lo suficiente de cada sacerdote de esta Arquidiócesis. En el primer año de mi visita, he podido visitar a todos los párrocos, también a los religiosos; y al año siguiente, a todas las comunidades y congregaciones religiosas, masculinas y femeninas. Durante este trabajo me ayudó bastante la Encíclica Evangelii Gaudium, del Papa Francisco, porque entró en sintonía con mi experiencia misionera.

Puedo decir que  la  Arquidiócesis de Asunción se presenta como una Iglesia Misionera que quiere responder a la propuesta que viene del Papa Francisco, que no es nada fácil. Me doy cuenta que leemos el documento y lo dejamos, pero no lo masticamos y no nos dejamos interpelar por lo que el Papa nos dice. Fíjense, no se contente con decir: Esto lo hicimos siempre así. Al contrario, con valentía y sin miedo, renueven y revisen todas las estructuras para adecuarlas a la vitalidad del evangelio, a la fuerza que Cristo Jesús ha dado a su palabra y a su salvación, y con esto, tenemos un camino larguísimo, que tenemos que poner al menos los primeros pasos.

 

Tiempo de superación y cambio

El Documento de Aparecida en su capítulo segundo, en el análisis que hace desde la visión del discípulo misionero de Jesucristo, se da cuenta de las luces y sombras. Hay luces, pero uno se detiene y examina,  y Observa que hay muchísimas más sombras en nuestra Iglesia y arrastramos esas sombras de una cristiandad que considera al Bautismo como una simple celebración social. El sentido de vida nueva, adhesión a Jesucristo y su evangelio, así como el compromiso de los padrinos, queda simplemente como una fórmula estereotipada y vacía de contenido, y esto es preocupante.

El catecumenado debe ser el camino de conversión, el camino de descubrir una vida diferente, una vida nueva que contagia el amor de Dios y su misericordia y este catecumenado deberá ser motivo de estudio, por lo que desde la Arquidiócesis de Asunción, organizará el Primer Congreso de Catetumenado, en el que se reflexionará sobre lo que es seguir en una cristiandad y así optar por un camino de formación  diferente.

Estas son algunas de mis líneas pastorales que buscan un cambio de perspectiva de paradigma, un cambio que facilite a los sacerdotes también hacer pequeñas experiencias. Sueño que de aquí a 30 años, todo esto pueda ser un camino de renovación para la Iglesia en Paraguay.

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