Mística rosa, madre de Dios y de la Iglesia

“¿Por qué María se hace Rosa Mística, escogida, delicada, flor perfecta de la creación espiritual de Dios? Porque nació, se nutre y es custodiada en el paraíso místico, en el paraíso de Dios” (Beato Cardenal John Henry Newman).

Por Rodrigo Carezzolli

Al final del Concilio Vaticano II, el Beato Pablo VI, llamó a la Virgen María “Madre de la Iglesia”. Es importante notar que Pablo VI era  “Hijo” de la ciudad de Brescia,sede episcopal, localidad en el norte de Italia que pertenece a la ciudad de Montichiari, donde la Santísima Virgen María se estaba apareciendo desde hace muchos años como Rosa Mística y donde repetidamente se atribuía, con profunda intuición, el título de “Madre de la Iglesia”.

Cuando la Iglesia examina documentos que hablan de una nueva aparición mariana, como en el caso de la Rosa Mística, su primer criterio para un sano y maduro discernimiento se basa en tres puntos doctrinalmente fundamentales.

El primero, consiste en ver si los mensajes de la Virgen son conformes con las enseñanzas de la Iglesia, de la tradición y de la palabra de Dios. Es decir, que estén conformes a la única verdad revelada. El segundo punto prevé un examen espiritual y psíquico del vidente, y de su vida y de cada particular fenómeno que sea de carácter sobrenatural. El tercer y último, es dirigido a los frutos espirituales que las revelaciones producen.

La Iglesia se pone ante las revelaciones privadas con una actitud “cauta pero abierta”, como es solicitado por la prudencia.

Cada aparición Mariana, desde la primera que fue a Santiago Apóstol en “Zaragoza” como la Virgen del Pilar, como las más conocidas: Guadalupe, Lourdes, La Sallet, Fátima, y también por el elocuente silencio de las paredes de la Santa casa de Loreto y actualmente por medio de la conocida aparición de Medjugorje, en cuyo juicio la Iglesia no se ha manifestado; la Santísima Virgen renueva su apelo a nuestra conversión, como en las bodas de Caná; en cada aparición nos dice silenciosamente la Virgen, en cada nación donde hay un santuario suyo: “Hagan todo lo que dice mi hijo”.

De un modo singular, el apelo de nuestra Madre como Rosa Mística, es dirigido a la persona de los sacerdotes y consagrados, debido a la pérdida de la “identidad” de éstos. La Madre del cielo vuelve a renovar su grito de que tenemos que hacer todo lo que pide Jesucristo, principalmente los sacerdotes y consagrados que en el mundo tienen la misión de ser la voz y la presencia de Nuestro Señor entre las personas.

El mensaje de la Rosa Mística cuyo título ya existía en la “Letanía lauretana”, contiene una invitación de las infidelidades y los pecados cometidos por sacerdotes y religiosos, pero sobre todo, expresa una afligida exhortación para que vuelvan a aumentar las vocaciones en la Iglesia; oración, pureza, penitencia, fidelidad a la llamada y reparación en expiación por las graves infidelidades que dolorosamente ocurren en la vida sacerdotal y religiosa. Estos puntos constituyen el corazón de los mensajes de la Rosa Mística.

En realidad, cuando la humilde joven enfermera, PierinaGilli, empezó a recibir estos mensajes, en la segunda mitad de la década de los cuarenta, tiempos de fuertes llamadas a causa de la infidelidad en la vida sacerdotal y religiosa, su ingenua respuesta fue esencialmente: ¿Dónde? ¿De qué manera los sacerdotes y religiosos viven su verdadera vocación? En verdad y por desgracia, podemos entender ahora la naturaleza profética y el cumplimiento de estos mensajes.

El 13 de julio de 1947 dijo nuestra Madre: “Nuestro Señor me manda para traer una nueva devoción mariana a todos los institutos y congregaciones religiosas, masculinos y femeninos, y también a los sacerdotes seglares”. Oración, sacrificio y penitencia es el pedido de nuestra Madre y la explicación de las rosas que ella lleva en su pecho son: La rosa blanca, una vida de oración; la roja, una vida de sacrificio aceptado por amor; y la rosa amarilla una vida de penitencia.

Que esta devoción nos lleve a amar y rezar con todas nuestras fuerzas por nuestros sacerdotes y religiosos.

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