Ni Sagrario, ni sotana, ni compañero

Ni Sagrario, ni sotana, ni compañero

De niños escuchábamos las grandes hazañas de los misioneros que cruzaban mares, caminaban cientos de kilómetros bajo el sol, o en medio de la selva más hostil con el riesgo de ser comidos por una fiera, sorteando todo tipo de dificultades, con tal de predicar a Cristo. Estas historias que nos parecen imposibles consumarlas hoy, las realiza el Padre Federico Highton, misionero en una aldea ignota en pleno Himalaya, en la frontera de cuatro países: China, Bután, Nepal e India. Un lugar donde el 98% de las almas profesan el budismo tibetano. La maravillosa aventura de «plantar la Iglesia Católica» por primera vez en aquel lugar, es narrada en primera persona por este valiente misionero.

Padre Federico, S.E.
Misionero en la Meseta Tibetana

Nota introductoria

Esta crónica fue escrita al menos dos semanas después del comienzo de la Misión en la Meseta Tibetana, esto es, el 12/5/16. Naturalmente, y gracias a Dios, muchas cosas han cambiado, pero creo que las líneas que siguen expresan bien cómo fue el comienzo de la Misión, de la cual, poco a poco, iré tratando de contar los principales hechos de su devenir.

Por gracia de Dios, el Movimiento Misional de voluntarios europeos e hispanoamericanos (al que, en clave de ensueño, se hace mención en las líneas que siguen) comenzó a existir y operar hace ya algunos meses.

Hoy, por tanto, con toda la fuerza de mi alma, aprovecho, a convocar, de modo público, voluntarios (sacerdotes, religiosos -de cualquier Congregación- y laicos) de todo el orbe… ¡a que vengan para evangelizar a los pueblos aún paganos!

Ni Sagrario, ni Sotana, ni Compañero

Se acaba de ir Tomás, el primer voluntario que osó venir a la Misión. Le dije que espero que vuelva lo antes posible, me dijo que desea que se haga lo que debe hacerse.

Me quedé visiblemente solo pero no estoy solo sino más acompañado que nunca pues Dios está conmigo. Su presencia la siento muy intensamente por más que en todas estas aldeas remotas sólo hay una persona católica, que es una de las dos profesoras de la escuela misional, por más que desde acá prácticamente no puedo comunicarme con el Obispo, no puedo confesarme ni usar mi amada sotana (y por el momento, ni aun clergy), no tenemos Sagrario, no sé el idioma, no tengo certeza de que me darán permiso para vivir aquí largo tiempo, estoy sin internet…

Ciertamente que este es un tiempo de poda paternal, donde Dios purifica mi pobre fe, pero es un tiempo magnífico donde experimento al mismo tiempo un gran gozo y una libertad extrema.

Estoy viviendo mi secreto, mi vocación, mi misión eclesial, mi nombre teológico…

Luego de que Tomás se fue, ordené y limpié la pieza, la celda misional, y saqué kilos de basura. Lo hice por razones de higiene elemental (y mental) pero también porque así hacía un apostolado ante el Gobernador, quien se avergonzó de la suciedad del cuarto en el que me hospedó.

Limpiaba eso mientras escuchaba el sermón que hoy le prediqué a Tomás en su despedida, siguiendo una selección de textos llorentianos. Luego, dediqué el resto de la mañana al estudio de la zona completando mi ensayo sobre la principal etnia local, que probablemente sea el primero en español sobre esa tribu, la ignotísima Nación Rong.

En el escritorio de estudio, que es el de la Autoridad local, había una revista de una agrupación protestante que van a donde no llegó el Evangelio. No quise leerla porque me llenaba de celo, pero solo ojearla y pispear su fervor y organización, me bastó para sulfurarme… Valiéndose de ese ardor que el Señor despertaba en mí a través de la prensa herética, mientras marchaba hacia la escuela para almorzar y veía las montañas, el Señor me hizo sentir una brevísima moción llena de consuelo, algo vaga, pero que consistía en esto: armar un Frente en Europa desde el cual se haga la lista de las aldeas del orbe jamás evangelizadas, se convoque voluntarios, se organicen las expediciones y se vaya a predicar lo más directamente posible, buscando llegar a todos los lugares de la tierra donde aun no fue anunciado el nombre de Jesús.

Hubo una moción clara además: «lo ya conseguido y lo que está en curso en Någgā es milagroso y enorme y desmintió todas las predicciones de fracaso pero… al lado de lo que están haciendo los herejes es poco y nada. Vamos a paso de tortuga», y renació en mí el reproche de la Virgen a Don Bosco: «si hubieses tenido más fe, habrías hecho cosas mayores», entonces me agarró un movimiento fortísimo que me llenaba de consuelo: «vayamos por todo, Dios lo quiere, la obra es de Dios, Él lo quiere, arrasemos».

«Organicemos desde Europa la Misión a todos los confines paganos buscando llegar lo antes posible a anunciar la Fe en todos los lugares donde jamás haya sido anunciada».

No tengo nada pero estoy en la mejor situación posible ya que a Dios le gusta hacer maravillas cuando el apóstol solo tiene medios pobres: fe, oración y penitencia.

Que Dios nos dé la gracia de perseverar hasta la muerte en los sueños misionales y en el anuncio del Evangelio a los pueblos donde jamás fue anunciado.☐

Deja un comentario