Nuestra oración por aquellos que se han ido

Los que ya están en el cielo interceden por los que están en la tierra para que tengan la gracia de ser fieles a Dios y alcanzar la vida eterna.

Por Hna. Noelia Giménez

La Conmemoración de los fieles Difuntos es un día profundamente recordado, celebrado desde tiempos inmemoriales en la tradición de la Iglesia, en donde oramos por aquellos fieles que han acabado su vida terrena y que se encuentran aún en estado de purificación en el Purgatorio.

Los que mueren en gracia de Dios pero no perfectamente purificados, pasan después de su muerte por un proceso de purificación, para obtener la completa hermosura de su alma. A esa purificación la Iglesia llama “Purgatorio”; y para hablar de que será como un fuego purificador, se basa en aquella frase de San Pablo que dice: “La obra de cada uno quedará al descubierto, el día en que pasen por fuego. Las obras que cada cual ha hecho se probarán en el fuego”. (1Cor. 3, 14). La práctica de orar por los difuntos es sumamente antigua. El libro segundo de los Macabeos dice: “Mandó Judas Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos,  para que quedaran libres de sus pecados” (2 Mac. 12, 46); y siguiendo esta tradición, la Iglesia desde los primeros siglos ha tenido la costumbre de orar por los difuntos. Cuando una persona muere ya no es capaz de hacer nada para ganar el cielo; sin embargo, los vivos sí podemos ofrecer nuestras obras para que el difunto alcance la salvación.

Para implorar la salvación de las almas podríamos hacer los actos siguientes:

Visitar Iglesias:

Se concede indulgencia plenaria, aplicable sólo a las almas del purgatorio, a los fieles cristianos que, en el día de la Conmemoración de todos los Fieles Difuntos, 2 noviembre, visiten piadosamente una iglesia u oratorio, se debe rezar un Padrenuestro, Avemaría y Credo. (Con las condiciones habituales: Confesión, comunión, oración por las intenciones del Papa).

Visitar un cementerio:

Se concede indulgencia plenaria, aplicable sólo a las almas del purgatorio, a los fieles cristianos que visiten piadosamente un cementerio y que oren por los difuntos. (Con las condiciones habituales: Confesión, comunión, oración por las intenciones del Papa).

San Pablo habla de que podemos ayudar a los difuntos. Los que están en el cielo, no necesitan ayuda. Y a los que están en el infierno, no les sirve de nada. Por lo tanto, si podemos ayudar a los difuntos, es a los que están en el purgatorio. Es por ello que no debemos cansarnos de rogar a Dios para que pronto puedan encontrarse con Él cara a cara.

 

Oración por las almas del Purgatorio

Dios omnipotente, Padre de bondad y de misericordia, apiadaos de las benditas almas del Purgatorio y ayudad a mis padres y antepasados.

Ayudad a mis hermanos y parientes. ¡Jesús mío, misericordia!

Ayudad a los que han sido mis amigos y súbditos.

Ayudad a cuantos debo amor y oración.

Ayudad a cuantos he perjudicado y dañado.

Ayudad a los que han faltado contra mí.

Ayudad a los que están más próximos a la unión con Vos.

Ayudad a los que os desean más ardientemente.

Ayudad a los que sufren más.

Ayudad a los que están más lejos de su liberación.

Ayudad a los que menos auxilio reciben.

Ayudad a los que fueron ricos aquí, y allí son los más pobres.

Ayudad a los poderosos, que ahora son como viles siervos.

Ayudad a los ciegos que ahora reconocen su ceguera.

Ayudad a los vanidosos que malgastaron su tiempo.

Ayudad a los pobres que no buscaron las riquezas divinas.

Ayudad a los tibios que han hecho poca oración.

Ayudad a los perezosos que han descuidado tantas obras buenas.

Ayudad a los de poca fe que descuidaron los santos Sacramentos.

Ayudad a los reincidentes que sólo por un milagro de la gracia se han salvado.

Ayudad a los padres que no vigilaron bien a sus hijos.

Ayudad a los superiores poco atentos a la salvación de sus súbditos.

Ayudad a los pobres hombres, que casi sólo se preocuparon del dinero y del placer.

Ayudad a los de espíritu mundano que no aprovecharon sus riquezas o talentos para el cielo.

Ayudad a los necios, que vieron morir a tantos no acordándose de su propia muerte.

Ayudad a los que no dispusieron a tiempo su casa, estando completamente desprevenidos para el viaje más importante.

Ayudad a los que juzgaréis tanto más severamente, cuánto más les fue confiado.

Ayudad a los pontífices, reyes y príncipes.

Ayudad a los obispos y sus consejeros.
Ayudad a los maestros y pastores de almas.

Ayudad a los sacerdotes y religiosos de la Iglesia católica.

Ayudad a los defensores de la santa fe.

Ayudad a los caídos en los campos de batalla.

Ayudad a los sepultados en los mares.

Ayudad a los muertos repentinamente.

Ayudad a los fallecidos sin recibir los santos sacramentos.

  1. Dadles, Señor, a todas las almas el descanso eterno. R. Y haced lucir sobre ellas vuestra eterna luz.
  2. Que en paz descansen.  R. Amén.

 

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