Nuestros amigos los ángeles

Seres espirituales que Dios ha dado a cada hombre para orientarlo hacia la santidad.

 

Por Richard Quiroga

En la Iglesia donde frecuentamos hay varias imágenes: la de Cristo crucificado, siempre en el centro, la de la Santa Virgen María, a veces en la advocación de la Virgen de Caacupé, de la Rosa Mística, o de la Virgen de Fátima; pero la Madre de Dios siempre está; la de los santos y beatos, escenas de la Biblia y otras. Pero la última vez que fui a mi parroquia, me fije en una imagen en particular; cuando me disponía a mojar la punta de mis dedos con el agua bendita para ingresar al templo, me fije en el recipiente que contenía el agua bendita, era un pequeño depósito de agua sostenido por una pequeña escultura en forma humana, con bello atuendo pero con alas. Al ingresar e iniciar mi oración vi que esa imagen se repetía en varios lugares; vi que ese ser alado aparecía en la tapa del sagrario, pero eran dos, y vi otras imágenes de estos seres en el cuadro de la Asunción de la Virgen que estaba a mi derecha. Cuando empezó la Misa, no puede evitar recordar a estos seres, al ver los monaguillos entrando, con sus blancas vestiduras y su caminar rítmico y pausado. Ya estaba un poco desconcertado pues no podía concentrarme a causa de que veía a esos seres por todas partes, pero en el Confiteor, pude entender el mensaje de Dios. Yo rezaba: “Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”, como de costumbre, pero la frase siguiente causó en mí un impacto: “Por eso ruego a Santa María siempre Virgen, a los Ángeles y a los santos…” Hace mucho no me acordaba de los Ángeles de Dios y de mi ángel de la Guarda, esos seres que están en la presencia de Dios y en quienes poco pensamos.

La palabra “ángel” no hace alusión a su naturaleza, a lo que es; sino a su misión, es decir lo que hace. Pues ángel significa mensajero. Son seres espirituales puros, es decir no tienen cuerpo, solamente espíritu. Fueron creados por Dios antes de crear al hombre; incluso, varios Padres de la Iglesia, sostienen que la luz creada el primer día de la creación serían los ángeles. Y a ellos se refiere el credo cuando rezamos “creador del cielo y de la tierra” en el Credo Apostólico y “de todo lo visible y lo invisible” en el Constantinopolitano, entendiéndose “el cielo y lo invisible” como los ángeles que fueron creados por Dios.

Al inicio todos los ángeles pasaron por una prueba. No se sabe en qué consistió dicha prueba, muchos teólogos afirman que consiste en la revelación de los planes de Dios, respecto de la encarnación del hijo de Dios en el seno de una mujer; pero lo que sí se sabe a ciencia cierta, por lo que está escrito en el Apocalipsis, que la tercera parte de los ángeles fue arrojado del cielo; después de una batalla en la cual San Miguel Arcángel, el Príncipe de la Milicia celestial, y los ángeles buenos vencieron en una batalla espiritual a Lucifer y sus demonios, que también son ángeles pero, por su desobediencia y falta de amor fueron arrojados a la tierra.

Existe una jerarquía angélica, y esa jerarquía la conocemos gracias a lo que Dios nos fue revelando a lo largo de la Historia Sagrada narrada en las Escrituras. Hoy sabemos que existen 9 coros angélicos, divididos en tres grupos. El primero de ellos está formado por Serafines, Querubines y Tronos. Los serafines son representados por tres pares de alas, los querubines por dos, como lo vemos en las cuatro bestias del Apocalipsis relacionadas siempre con los cuatro evangelistas, y junto con los tronos completan la jerarquía más cercana a Dios. Los de estas jerarquías tienen como única función, alabar a Dios; su única relación se da con Dios y con nadie más, son los que ven al Creador cara a cara por toda la eternidad.

El segundo grupo jerárquico de los ángeles es el que está formado por Dominaciones, Virtudes y Potestades; son aquellos que rigen las leyes de la naturaleza, son los que cooperan con Dios en la mantención de todo el universo existente. Y son los que comunican estas leyes a los ángeles de las jerarquías inferiores, es decir se comunican con Dios y con otros ángeles.

Y en el tercer grupo se encuentran los Principados, los Arcángeles y los Ángeles; que son aquellos que se comunican con el hombre. Los principados son representados casi siempre con una corona y con un cetro en la mano. Son aquellos que ayudan a los grandes guías de la humanidad a cumplir la voluntad de Dios. De los arcángeles sabemos por las Escrituras que son siete; sabemos los nombre de tres de ellos: Gabriel, que significa “fuerza de Dios”, Miguel, que significa “quién como Dios” y Rafael, cuyo nombre significa “cura de Dios”. Y al final de la jerarquía angélica, están los ángeles, destinados a ayudar al hombre a la consecución de su fin. Pero no solo los hombres tienen un ángel guardián, sino también las instituciones, los países, las ciudades, las diócesis, las parroquias. Por eso cuando el San Juan María Vianney llegó a Ars dijo: “Saludo al ángel de esta parroquia y los ángeles de todos los habitantes de esta parroquia”.

 

La humildad de los ángeles

Un ángel es el más inferior dentro de la jerarquía angélica, pero aun él es inmensamente superior a nosotros; pero aun así, se ha puesto, cumpliendo la voluntad de Dios, a nuestro servicio. A tal punto que podemos pedir cosas a nuestro ángel y él lo hará. Por ejemplo; si al pasar frente a un templo, pedimos a nuestro ángel que se postre ante el sagrario y diga a Nuestro Señor que lo amamos, él lo hará; si nos cuesta concentrarnos en la oración y le pedimos al ángel que disperse las distracciones, él nos ayudará; si queremos recordar en el momento de la oración a aquellas personas por las cuales nos comprometimos rezar, el ángel nos lo recordará si lo pedimos. Cuán grande es la humildad de aquel ser que viendo el rostro de Dios en la eternidad y siendo un ser completamente espiritual se pone al servicio de simples hombres pecadores, débiles y sometidos a la carne.

La conciencia de la existencia de los ángeles, aunque no podamos verlos pero sí experimentar sus acciones, debe movernos a varias cosas: en primer lugar, darnos cuenta de que en todo momento nos acompaña un ser santísimo, el mismo ser que está viendo a Dios tal cual es, en la eternidad, está a nuestro lado incluso mientras dormimos, velando por nuestro sueño. Y en segundo lugar, pedirle, en los momentos que pareciéramos estar solos que su acción angélica obre en nosotros.

 

Es bueno recordar, finalmente las palabras del Papa Francisco sobre los ángeles en la homilía dada el día de los ángeles custodios:

Yo puedo aconsejar a otro pero no a mí mismo, no. Está el ángel de la guarda que me aconseja.  Esta no es una doctrina sobre los ángeles un poco fantasiosa: no, es la realidad. Es lo que Dios mismo ha dicho: ‘Yo mando un ángel que te precede para cuidarte, para acompañarte en el camino y que no te equivoques’”.

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