Objetos litúrgicos: El cáliz y el copón

Se denominan objetos litúrgicos a todos aquellos que de alguna manera sirven para el ejercicio de la liturgia.

Se relacionan particularmente con los lugares litúrgicos (iglesias, altares, etc.), con los ministros de la liturgia y con las celebraciones litúrgicas, sobre todo con la celebración eucarística. En esta ocasión hablaremos de dos objetos litúrgicos: El cáliz y el copón.

El cáliz

El cáliz es el vaso sagrado que se usa para consagrar la Sangre de Cristo en la Misa.

El cáliz debe ser un vaso bello. En cuanto a su forma, la Instrucción General del Misal Romano dispone que corresponde al artista fabricarlos de acuerdo a las costumbres, con tal de que sean adecuados para su uso y se distingan de los destinados al uso cotidiano (n. 332). Sin embargo, parece preferible la forma tradicional: con una copa y una base amplia y estable, porque evita accidentes con la Preciosa Sangre y es un símbolo eucarístico familiar para el pueblo.  

Los cálices deben fabricarse de un metal noble, o de otros materiales sólidos, como el ébano, si lo autoriza la Conferencia Episcopal y la Sede Apostólica. (IGMR, n. 329). Un cáliz de cristal o de cerámica se puede romper con facilidad. En cualquier caso, la copa debe ser de un material que no absorba líquidos, aunque el pie puede ser de otros materiales (IGMR n. 330). Sin embargo, si la copa es de un metal oxidable o menos noble que el oro, debe dorarse por dentro (IGMR, n. 328), como reverencia hacia la Sangre de Cristo.

Los cálices deben de ser bendecidos por el obispo o por el sacerdote antes de ser usados. (Ceremonial de Obispos n. 986 e IGMR n. 333).

El copón

El copón es un recipiente metálico destinado a reservar y distribuir la Eucaristía en las iglesias. En siglos anteriores la Eucaristía se guardaba en unas cajitas cilíndricas de marfil o madera llamadas turres. En el siglo XI se adoptó la píxide con tapa, y desde el siglo XVI adoptó la forma que actualmente tienen los copones.

En cuanto a su forma, corresponde determinarla a los artistas, de acuerdo a las costumbres de cada región, siempre y cuando sea adecuado para el uso litúrgico al que se destina y se distinga de otros recipientes destinados al uso cotidiano, conforme a la Instrucción General del Misal Romano (n. 332).

Por lo que hace a su material, pueden ser de un metal noble o de otros materiales sólidos siempre y cuando sean aptas para el uso sagrado (IGMR n. 328 y 329). Sin embargo, parece que su interior debe de dorarse por estar en contacto con la Santísima Eucaristía.

Los copones deben bendecirse conforme a los ritos prescritos. Esta bendición la puede realizar el obispo o cualquier presbítero.

Mientras contenga la Eucaristía debe de permanecer tapado, salvo cuando se utiliza para dar la Comunión. En este caso, el copón puede ser cubierto con un velo llamado capillo o cubrecopón.

Durante la celebración de la Santa Misa, las hostias que van a consagrarse tanto para el sacerdote como para los ministros y fieles, pueden colocarse en una patena amplia (IGMR 331). Sin embargo, para celebraciones en las que participa gran número de fieles y para reservarse en el Sagrario, es mejor utilizar un copón con mayor capacidad.

Fuente: liturgiapapal.org

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