Señales de verdadera vocación (Parte 3)

 

Finalizamos la serie de entregas sobre las «Señales de verdadera vocación», señales no definitivas, pero que podrían abrir caminos para conocer la elección de estado.

El Padre Emvin pretende que a partir de estos enunciados las almas que aspiran a la búsqueda de Dios, puedan disipar sus dudas.

 

Fuente: “LAS VOCACIONES. Encontrarlas, examinarlas y probarlas”

del Padre EMVIN BUSUTTIL, S.I.

7) Espíritu de generosidad para con Dios.

No estar nunca satisfecho de lo que uno hace por Dios, no decir nunca basta, querer hacer siempre más. Si se empieza a experimentar una cierta inquietud, una santa impaciencia de hacer siempre más por Dios, estamos frente a un amor genuino hacia Jesús, frente a la comprensión práctica de lo que Él ha hecho por nosotros, y a la nulidad y debilidad de nuestros esfuerzos para amarle y para pagar su exquisita bondad y condescendencia. Y mientras, estas almas que, en amor de Dios, pueden darnos lecciones a nosotros los religiosos, no saben considerarse de otra manera que como siervos inútiles.

Si se les dice que aman a Dios, en seguida enrojecen de vergüenza y aún lloran porque se ven muy lejos del ideal acariciado en sus mentes y con frecuencia creen que se burlan de ellos, y si no se ofenden… es porque son almas de Dios.

Aquel querer amar a Jesús hasta la locura, aquel atormentarse continuamente porque no aman a Dios como quisieran, aquel querer hacer no se sabe qué para demostrar su amor, empuja a estas almas a verdaderos heroísmos de generosidad. El amor de Dios les es alegría y tormento al mismo tiempo; alegría porque lo tiene de veras, tormento porque no es cómo y cuánto quisieran.

¿Estado místico? No, precisamente.

He visto almas así y les he hablado de vocación. La mayoría nunca habían pensado, pero mi proposición les parecía tan natural que no dudaban de que Dios las llamaba para ser todas suyas y para siempre.

8) Horror al pecado.

Es un miedo saludable del pecado, al que se considera como el verdadero y único mal del alma. Mientras ven sumergirse a amigos y conocidos en la corrupción y en la ruina espiritual, ellos desean un medio que los aleje de tantos peligros. Buscan un modo de vivir en el que el pecado sea imposible.

9) Deseo de consagrar la vida por la conversión o salvación de una persona querida.

Como la hija del rey Luis XV, la cual se hizo religiosa para salvar el alma de su padre, que llevaba una vida poco edificante.

Tuve a un joven de sentimientos delicadamente afectuosos que ofreció su vocación por la salvación eterna de su madre, y a los tres meses su hermano decidió hacerse religioso y ofreció su “elección” por la salvación de su padre. Hoy son los dos religiosos; la madre voló al cielo y el padre lleva una vida verdaderamente cristiana.

10) Delicadeza de conciencia.

Se encuentran almas muy sensibles al toque de la gracia y a la vida espiritual, las cuales se guardan aún de las más leves faltas. El solo temor de ofender a Jesús, al cual quieren tanto, los impele a realizar cualquier renuncia. Son delicados y fieles y se descubren en la confesión las más pequeñas faltas con una destreza sorprendente. Son almas llamadas a la perfección, prontas a las más altas aspiraciones.

Vino a verme un alumno vivaracho de segundo de Bachiller.

—Padre, ¿es pecado hablar en clase durante el estudio?

—No —respondí—, es sólo cuestión de disciplina.

—Pero —insistió—, ¿Jesús estaría más contento si yo no hablase?

— ¡Claro! ¡Es más perfecto! Por lo menos una buena mortificación.

Bastó esto para que el joven (hoy religioso fervoroso) no dijese nunca más una palabra en clase, desdeñando las burlas y un poco la cólera de sus compañeros que, frecuentemente, necesitaban su ayuda de “sugeridor” para salir salvos de ciertas preguntas.

Y de chiquillo poco disciplinado se convirtió en un modelo… sólo porque así estaría más contento Jesús.

11) Temor de tener vocación.

A veces se tiene miedo de tener vocación, se quita todo pensamiento sobre esa materia, el cual vuelve con insistencia, se reza por no tenerla. “Que Dios tenga lejana de mí semejante invitación, la cual destruiría tantos castillos ideados y acariciados”. Se recela continuamente de que éste o el otro quieren “pescarme” para la vida religiosa, se evita el peligro de ir con religiosos o con jóvenes que tienen vocación por temor de que la conversación recaiga sobre aquella materia tan peligrosa, se temen los Ejercicios Espirituales, el ser demasiado buenos y frecuentar los Sacramentos y con todo no quieren hacerse malos porque el alma es recta con Dios.

Todo esto a veces es señal de verdadera vocación.

El demonio, que es muy inteligente, puede prever con cierta probabilidad que, si llegan a ser sacerdotes o misioneros, harán muchísimo bien, y por eso procura poner en sus corazones esos temores infundados para alejarlos del camino que sería su salvación y santificación y la salvación de tantas almas.

Se lee del P. Miguel Agustín Pro, S. J., que no podía ver de ninguna manera a los jesuitas. Estaba enfadado con ellos porque, siendo Directores Espirituales de sus hermanas, las dirigieron hacia el claustro. Una gran melancolía se adueñó de él y huyó a la lejana floresta; no quería ver a nadie.

Su madre le buscó, le encontró, le condujo a casa y le convenció para que hiciese los Ejercicios Espirituales… con los odiados jesuitas.

Fue… temiendo encontrarse con la vocación. Sería una grande afrenta para él. Y precisamente, Dios le llamó, y suerte de él que siguió la voz del Señor. Fue sacerdote y mártir, gloria de México, de la Compañía de Jesús y de la Iglesia.

12) Celo de las almas.

La narración de la lejana misión nos encanta y conmueve. El pensamiento de millones de almas que aún no conocen a Jesús nos hace llorar. Mientras otros quedan fríos, como si fuera cosa que no los toca, nosotros sentimos una viva repercusión. Nos parece que tenemos obligaciones por esas almas, que debemos hacer algo para ayudarlas, que no podemos permanecer tranquilamente mano sobre mano, limitándonos a estériles palabras de compasión.

Algunas veces este pensamiento parece como que nos persigue y nos representa viva en la imaginación la vista de un río de almas que van a la deriva y que nos tienden las manos implorando socorro.

Otras, en cambio, este celo apostólico se desarrolla y concreta alrededor de nosotros mismos, lo ejercitamos en nuestro ambiente en las Asociaciones, de tú a tú, de alma a alma. Otras veces se desfoga en la oración o en el estudio de los problemas del apostolado católico.

La imagen de Jesús Crucificado que grita: “¡Tengo sed!” nos parte el alma.

Este sentimiento altruista, flor de la caridad cristiana, se encuentra con frecuencia en almas juveniles y es una señal evidente de que Dios llama al ideal de la paternidad espiritual, que es la expresión más genuina de la caridad y de la vida consagrada al bien de los demás.

13) Fuga del egoísmo.

Sentir la fraternidad universal, el amor a los pobres, a los que buscan dar una ayuda con la limosna, defender a los compañeros más débiles e injustamente molestados por los muchachos mal educados.

14) Sentir una santa envidia de los religiosos.

Al verlos pasar nos viene un secreto deseo: “¡Felices! ¡Si yo fuera como ellos! ¡Qué felices deben de ser!”.

15) Fuga de la mediocridad.

Espíritu cristiano combativo. Siempre a punto para defender su propia fe, gustan el honor de ser soldados de Cristo. Querer ofrecer a Jesús cosas grandes.

Y podríamos continuar todavía esta lista, pero bástenos esto por ahora.

Diciendo que todo eso son “señales de vocación” no quiero decir que, teniendo alguna de estas convicciones o deseos, se tenga todo lo que se requiere para poder deducir la presencia de una verdadera vocación, sino quiero decir solamente que algunas de esas “señales” es ya indicio para mí, sacerdote o educador, para argüir con cierta seguridad que Dios ha puesto los ojos sobre el alma de aquel joven para darle la vocación, la cual, para que sea verdaderamente genuina y cierta, ha de tener otras dotes, como diremos más adelante.

De otra manera, si Dios no lo llama a ser sacerdote o religioso, al menos le está empujando a llevar una vida muy santa.

 

 


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