La liturgia del tiempo de Pascua: De la Resurrección a Pentecostés
El Tiempo de Pascua se inicia el Domingo de Resurrección y se extiende por cincuenta días. El último de éstos se celebra la Solemnidad de Pentecostés. Te presentamos un resumen de las principales indicaciones litúrgicas de este tiempo.
Cuarenta días de preparación para la Pascua con penitencias, ayunos, limosnas y dolor de los pecados son superados por los cincuenta días que la Iglesia emplea para celebrar el gozo pascual, para recordarnos que luego del sufrimiento, dolor y muerte viene la Resurrección y una alegría sin fin.
Domingo de Resurrección
El Sábado Santo no se celebra la misa. La Iglesia está de luto por la muerte de su Esposo. Pero a la última hora del día se celebra la Vigilia Pascual. Litúrgicamente se entiende que se trata del Domingo de Resurrección y no del sábado. Se debe procurar que la ceremonia se celebre lo más tarde posible. Con la Vigilia pascual, la noche santa de la Resurrección del Señor, que es tenida como «la madre de todas las santas Vigilias». La Iglesia espera velando la Resurrección de Cristo y la celebra en los sacramentos. Por consiguiente, toda la celebración de esta Vigilia sagrada debe hacerse en la noche, de tal modo que o comience después de iniciada la noche o acabe antes del alba del domingo.La Iglesia espera velando la Resurrección de Cristo y la celebra en los sacramentos.La Vigilia Pascual comienza en el atrio del templo. Todo el templo permanece oscuro. En el atrio está una fogata encendida. El celebrante bendice ese fuego, que se le conoce como «fuego nuevo». Le llevan un cirio, sobre el que graba la cruz, el alfa y el omega (la primera y la última letra del alfabeto griego) en señal de que Jesús es el inicio y el fin de la creación. Graba también los cuatro números del año y, finalmente, le pone cinco piedras de incienso. Esa vela, el cirio pascual, es símbolo de Cristo. Una vez que está listo, un diácono lo enciende, en señal de que ha resucitado, de que se ha vuelto a encender la Luz del Mundo. Cuando la procesión llega al altar, se coloca el cirio pascual junto al ambón. Es importante que se cuide este detalle en todas las parroquias. La Palabra de Dios y la Luz de Dios van juntas. Su Palabra es nuestra luz. El cirio no es un elemento decorativo que puede ir en donde sea. Aunque sea importante, no debe ir en el centro del altar. Al estar todos en sus lugares, un diácono va al ambón y canta el Pregón Pascual, un precioso canto que recuerda la resurrección de Cristo. Es muy hermoso. Se alaba a las abejas que produjeron la cera para elaborar el cirio, y se dice una frase muy fuerte y real «feliz culpa que mereció tal Redentor», en referencia al pecado de Adán y Eva. Tras el pregón pascual, se apagan las velas y comienza la Liturgia de la Palabra. Se leen siete lecturas del antiguo testamento, que resumen la Historia de la Salvación. Tras cada lectura se proclama un salmo. Una de las lecturas recuerda la salida de Egipto y el paso por el mar. Esta lectura no termina con «Palabra de Dios», porque el salmo que sigue es parte del relato del Éxodo, es su continuación, es lo que cantó el Pueblo de Israel. Después de cada salmo el papa reza una oración. Tras las siete lecturas del Antiguo Testamento, un diácono se acerca al celebrante y dice «Os anuncio un gran gozo: el Gloria». Y comienza el himno, durante el cuál se hacen tocar todas las campanas, como en el Jueves Santo, desde donde habían callado. Mientras se entona el gloria, se encienden las velas del altar y las luces del altar del templo. Después del gloria se proclama una lectura de la carta de San Pablo a los Romanos. A ésta le sigue un salmo, cuya antífona es el Aleluya. Un aleluya que se dice tres veces subiendo de tono. Después de que se canta el salmo del aleluya se proclama el Evangelio pero sin que las velas escolten al Evangelio, y se hace la homilía. Acabada la homilía se lleva a cabo la liturgia bautismal. Si no hay catecúmenos, se renuevan las promesas bautismales.


Comentarios (0)
Sé el primero en comentar.