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«Pedro fue el único escogido entre todo el mundo para ser la cabeza de todos los pueblos llamados, de todos los apóstoles y de todos los padres de la Iglesia»

Una despedida digna de dos insignes testigos del evangelio: Pablo a Pedro: «»La paz sea contigo, ¡oh fundamento de todas las Iglesias y pastor universal de las ovejas y corderos de Cristo!». Pedro por su parte respondió a Pablo: «¡Que la paz te acompañe también a ti, predicador de las buenas costumbres, mediador de los justos y conductor de sus almas por los caminos de la salvación!»», así estos extraordinarios hombres, columnas de la Iglesia, fueron llevados al martirio como sello de su profunda entrega a la misión que el mismo Cristo les había encomendado.

En la última hora de su vida, Pablo ofrece un digno reconocimiento al príncipe de los apóstoles, como una afirmación de lo que el mismo Cristo había hecho con San Pedro al otorgarle las llaves del reino de los cielos «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (Mateo, 16.18). Con estas palabras, nuestro Señor deposita sobre Pedro, el primer Papa, el poder de gobernar y regir su Iglesia.

Cristo constituyó al apóstol San Pedro como primero entre los apóstoles y como cabeza visible de toda la Iglesia.

 

La Iglesia celebra cada 29 de junio la Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo; y en la misma fecha, reza de manera especial por el obispo de Roma, el heredero de la fe de Pedro y de la caridad de Pablo: El Santo Padre y su pontificado.

Si hay algo que nos diferencia de las demás confesiones es que la Iglesia Católica cuenta con una figura instituida por el mismo Cristo y que fue transmitida por los apóstoles y así, llegando de generación en generación hasta nuestros tiempos. La figura del Santo Padre, Papa, o Sumo Pontífice de la Iglesia Universal.

Cristo constituyó al apóstol San Pedro como primero entre los apóstoles y como cabeza visible de toda la Iglesia, confiriéndole inmediata y personalmente el primado de jurisdicción. Para los católicos esto es una verdad de fe.

El concilio Vaticano I define: «Así pues, enseñamos y declaramos que, de acuerdo al testimonio del Evangelio, un primado de jurisdicción sobre toda la Iglesia de Dios fue inmediata y directamente prometido al bienaventurado Apóstol Pedro y conferido a él por Cristo el Señor. Fue sólo a Simón, a quien ya le había dicho «Tú te llamarás Cefas» (Jn. 1,42), que el Señor, después de su confesión, «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo», dijo estas solemnes palabras: «Bendito eres tú, Simón Bar-Jonás. Porque ni la carne ni la sangre te ha revelado esto, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo, tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del reino de los cielos, y todo lo que ates en la tierra será atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra será desatado en el cielo» (Mt. 16,16-19). Y fue sólo  a Simón Pedro que Jesús, después de su resurrección, le confió la jurisdicción de Pastor Supremo y gobernante de todo su redil, diciendo: «Apacienta mis corderos», «apacienta mis ovejas» (Jn 21,15-17).

Pedro hace las veces de Cristo en el gobierno exterior de la Iglesia militante

 

Según San León Magno, «Pedro fue el único escogido entre todo el mundo para ser la cabeza de todos los pueblos llamados, de todos los apóstoles y de todos los padres de la Iglesia» (Sermón 4,2).

La cabeza invisible de la Iglesia es Cristo glorioso. Pedro hace las veces de Cristo en el gobierno exterior de la Iglesia militante, y es, por tanto, vicario de Cristo en la tierra.

El Padre Miguel Ángel Fuentes nos explica que «se oponen a este dogma la Iglesia ortodoxa griega y las sectas orientales, algunos adversarios medievales del papado (Marsilio de Padua y Juan de Jandun, Wicleff y Hus), todos los protestantes, los galicanos y febronianos, los Viejos Católicos (Altkatholiken) y los modernistas. Según la doctrina de los galicanos (E. Richer) y de los febronianos (N. Hontheim), la plenitud del poder espiritual fue concedida por Cristo inmediatamente a toda la Iglesia, y por medio de ésta pasó a San Pedro, de suerte que éste fue el primer ministro de la Iglesia, designado por la Iglesia (‘caput ministeriale’). Según el modernismo, el primado no fue establecido por Cristo, sino que se ha ido formando por las circunstancias externas en la época post-apostólica (Dz 2055 s)».

 

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El pontificado

El Catecismo de la Iglesia Católica señala en la primera parte de «La profesión de la fe» que el «Sumo Pontífice, obispo de Roma y sucesor de san Pedro, «es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles» (LG 23). «El Pontífice Romano, en efecto, tiene en la Iglesia, en virtud de su función de Vicario de Cristo y Pastor de toda la Iglesia, la potestad plena, suprema y universal, que puede ejercer siempre con entera libertad» (LG 22; cf. CD 2. 9)».

El Papa cumpliendo su oficio es Obispo de Roma, Vicario de Jesucristo, Sucesor del Príncipe de los Apóstoles, Sumo Pontífice de la Iglesia Universal, Patriarca de Occidente, Primado de Italia, Arzobispo y Metropolita de la provincia Romana, Soberano del Estado Vaticano, Siervo de los Siervos de Dios. El más importante es el último, el de los Siervos de los Siervos de Dios, que fue un título que fue acuñado por primera vez por el Papa San León Magno.

Al Papa le corresponde ser el principio y fundamento perpetuo y visible de la unidad, tanto de los obispos, como de la muchedumbre de los fieles. A él le corresponde confirmar en la fe a todos sus hermanos, es decir a todos los católicos. «El Romano Pontífice goza de esta infalibilidad en virtud de su ministerio cuando como Pastor y Maestro supremo de todos los fieles que confirma en la fe a sus hermanos, proclama por un acto definitivo la doctrina en cuestiones de fe y moral» (Catecismo de la Iglesia Católica).

Como bautizados y miembros de la Iglesia, nos corresponde rezar por las intenciones del Papa, para que tanto su doctrina, sus acciones, sus enseñanzas y todo lo que ejecute el que hace las veces de Cristo aquí en la tierra, sea para el bien y la santificación de todos los Católicos. ¡Viva la Iglesia! ¡Viva el Sucesor de Pedro! ¡Viva el Papa!

Raquel Almada

Soy miembro agregado de la Comunidad Misionera de Jesús. Me formé en Ciencias de la Comunicación y quiero contribuir con lo que sé a la extensión del Reino de los Cielos.

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