Meditaciones para el mes del Sagrado Corazón de Jesús
El mundo es enemigo de Jesucristo. El alma que se apega al mundo, pierde muy pronto la piedad; se hace sorda a la gracia y se priva de las luces de las energías de la fe. Si queremos vivir en medio del mundo sin experimentar sus desengaños, nuestro corazón ha de estar bien dispuesto. Bien convencidos de la vanidad del mundo, la ha de detestar no corazón. Conociendo con toda perfección el precio inestimable de la amistad de Jesucristo, nos hemos de unir íntimamente con Él. Siempre que nos ofrezcan algo seductor, nuestro pensamiento se ha de volver instintivamente a Jesucristo diciéndole: ¿Qué puedo desear en la tierra fuera de Vos, Dios de mi corazón, herencia mía por toda la eternidad?
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