La devoción al Sagrado Corazón de Jesús

 

“Al menos tú ámame”

 

Por Cristian Alfonso

Una de las devociones más extendidas en toda la Iglesia Católica de Occidente, quizá sea la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Dicha devoción es tan antigua como el mismo cristianismo, pues, no hace sino expresar el contenido esencial de la religión revelada. Ya leemos en San Juan: “Pues hemos reconocido al Amor, y en él hemos creído”. La esencia del mensaje cristiano es el encuentro con Cristo, segunda persona de la Santísima Trinidad, quien por amor, se ha hecho visible por medio de la Encarnación para la salvación del mundo.

Aunque el Corazón de Jesús siempre atrajo la atención de muchos santos de diversas épocas, no es sino en 1680, que el mismo Cristo querrá hacer manifiesto el amor que tiene por todos los hombres, al aparecerse en Paray-le-Monial (Francia) a una pequeña religiosa de la Orden de la Visitación de Santa María, llamada Margarita-María de Alacoque. En su autobiografía, Margarita-María, retrata lo principal de su itinerario espiritual. Desde su más tierna edad, su trato con el Señor ha sido siempre muy intenso. El día de la profesión de sus votos, su experiencia precisa: “Yo lo veía, yo lo sentía cerca de mí, y lo escuchaba mucho mejor que si hubiera sido con los sentidos corporales”.

La descripción que ella hace de su primera gran revelación da algunas precisiones al respecto: “Sumida por la presencia eucarística bajo la forma tradicional de hostia en el centro del ostensorio, ella reposa, como el discípulo amado, sobre el pecho de Cristo, el cual también es el lugar de la santa llaga. Entonces, él le descubre su Sagrado Corazón”.

La apertura de su costado, revela entonces el misterio del Amor que lo habita y que para expresarlo, utilizará la clásica metáfora del corazón. Santa Margarita-María añade a esto: “Su corazón, de hecho, está restituido, como una llama ardiente en forma de corazón”, pues la palabra Corazón no necesariamente define una forma exacta. Esta palabra, ella la recibe de la revelación.  Es sólo entonces que aparece esta expresión (Sagrado Corazón)  y que desde ese momento, será privilegiada en el Seno de la Iglesia.

A todo esto, me parecen muy enriquecedoras las enseñanzas del Papa Emérito Benedicto XVI acerca de esta devoción:

El culto al amor de Dios, debe ayudarnos a recordar constantemente que Él ha tomado sobre sí el sufrimiento voluntariamente al entregarse “por nosotros”. En cuanto practiquemos este culto, no solamente reconocemos con gratitud el amor de Dios, sino que continuamos abriéndonos a este amor de manera que nuestra vida sea siempre mejor moldeada. La invitación a darse enteramente al amor salvador de Cristo tiene por lo tanto, como primer objetivo la relación con Dios. Es por ello, que este culto, totalmente adherido al amor de Dios que se sacrifica por nosotros, es de tal importancia irreemplazable para nuestra fe y para nuestra vida en el amor”.

Acudamos pues, a esa fuente inagotable de amor que es el Corazón Sagrado de Nuestro Señor, pues de él brotan todas las gracias y dones que necesitamos para vivir en Él y por Él. No en vano, tantos santos han llamado al augusto Corazón de Cristo horno ardiente de caridad, pues es lo que da sentido a todo el actuar cristiano que no busca otra cosa sino configurarse a Cristo que es la caridad misma.

 

Las doce promesas del Sagrado Corazón de Jesús.

Esta gran promesa luego se especifica en doce; cada de una de ellas como fruto de tan sencilla devoción: la de comulgar ese día.

  1. Les daré todas las gracias necesarias para su estado de vida.
  2. Les daré paz a sus familias.
  3. Las consolaré en todas sus penas.
  4. Seré su refugio durante la vida y sobre todo a la hora de la muerte.
  5. Derramaré abundantes bendiciones en todas sus empresas.
  6. Los pecadores encontrarán en mi Corazón un océano de misericordia.
  7. Las almas tibias se volverán fervorosas.
  8. Las almas fervorosas harán rápidos progresos en la perfección.
  9. Bendeciré las casas donde mi imagen sea expuesta y venerada.
  10. Otorgaré a aquellos que se ocupan de la salvación de las almas el don de mover los corazones más endurecidos.
  11. Grabaré para siempre en mi Corazón los nombres de aquellos que propaguen esta devoción.
  12. Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que mi amor omnipotente concederá a todos aquellos que comulguen nueve Primeros Viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final: No morirán en desgracia mía, ni sin recibir los Sacramentos, y mi Corazón divino será su refugio en aquel último momento.

 

Condiciones para ganar esta gracia:

  1. Recibir la Sagrada Comunión durante nueve primeros viernes de mes de forma consecutiva y sin ninguna interrupción (obviamente, sin estar en pecado mortal, por ejemplo, por faltar a la Misa dominical). Se sugiere confesión con intención de reparar las ofensas al Sagrado Corazón.
  2. Tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús y de alcanzar la perseverancia final.
  3. Ofrecer cada Sagrada Comunión como un acto de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento.

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