Mons. Agustín Van Aaken, un Obispo emblemático

 

Mons. Agustín tenía un corazón muy entregado y quería vivir a pleno el carisma misionero de la Congregación.

El 11 Agosto recordamos un aniversario más de la muerte de Monseñor Agustín Van Aaken, quien en vida fuera el segundo Obispo de la Diócesis de Ciudad del Este. Este santo varón realizó emblemáticas obras pastorales y dejó un importante legado que hoy es continuado por sus sucesores. Mons. Rogelio Livieres (+) abrió en el año 2010 el proceso de investigación previa para la causa de su beatificación, debido a la apoteósica labor que desarrolló en la zona del Alto Paraná.

Cuando la región del Alto Paraná aún era una espesa selva verde con un singular número de habitantes, el Papa Pablo VI creaba  lo que inicialmente se conoció como la Prelatura del Alto Paraná (hoy Diócesis de Ciudad del Este)  siendo su primer prelado Mons. Francisco Cedzich, miembro de la Congregación del Verbo Divino, S.V.D, a su muerte, le sucedió otro verbita, Mons. Agustín Van Aaken, quien se desenvolvió como líder religioso de esta región por un período de casi 20 años (1972-1990).

Agustín Van Aaken Te Niersen nació en Kevalaer, Alemania, el 16 de julio de 1914. Sus padres fueron: Agust Van Aken y Yohana Bernardine Te Niersen. Su hogar fue bendecido con 11 hijos, 5 mujeres y 6 varones, de los cuales Agustín fue el hijo número 7.

Ingresó al Seminario Menor de la Congregación del Verbo Divino en 1928, en Steyl, Holanda. realizó su noviciado en el Seminario San Agustín; allí mismo cursó sus estudios de Filosofía y Teología y se ordenó sacerdote en el 28 de abril del año 1941, en plena Guerra Mundial, a la edad de 26 años.

En Alemania, el enfrentamiento bélico iba en aumento y los nazis habían tomado el Seminario San Agustín que quedaba cerca de la Ciudad de Bonn, cuando convocaron al Padre Agustín para que prestara servicios en la guerra como enfermero y capellán. Durante el conflicto fue herido en varias ocasiones, en todo ese tiempo nunca perdió la fe, pues se encomendaba constantemente a la Virgen Consoladora de los Afligidos de Kevelaer, a quien le tenía gran devoción. Finalmente al culminar la guerra volvió a su Congregación.

Petición Misionera

Agustín tenía un corazón muy entregado y quería vivir a pleno el carisma misionero de la Congregación del Verbo Divino, por lo que manifestó a sus superiores su deseo de anunciar el evangelio de Cristo en continentes como África o América. En el año 1949 accedieron a su petición y fue enviado a América. Su primer destino fue Buenos Aires, Argentina y luego La Pampa.

En 1960 pisó suelo paraguayo, patria que adoptó como la suya y donde plantó con alegría la semilla del evangelio. En la ciudad de Encarnación trabajó por varios años. Luego fue nombrado Primer Superior Regional del Verbo Divino y fue Maestro de Novicios. En el año 1965, fue nombrado Párroco de la Parroquia San Roque González de Santa Cruz y Director del Colegio Parroquial.

Agustín Van Aaken fue ordenado Obispo por Mons. Innocenti, Nuncio Apostólico del Paraguay de aquella época,  el 12 de agosto de 1972. El lema que eligió para su episcopado fue «Servir en Caridad», algo que vivió de manera plena con los más desfavorecidos de su tiempo.

La zona del Alto Paraná era considerada por Mons.Van Aaken como «tierra nueva, tierra de misión donde todo está por hacerse» como él mismo escribe en los informes que hoy se encuentran en los archivos del Obispado de Ciudad del Este.

Monseñor Agustín fue el propulsor de varias innovaciones a lo largo y a lo ancho del territorio del Alto Paraná y Canindeyú. Los datos históricos que se disponen señalan que durante su episcopado fueron creadas numerosas parroquias, instituciones educativas, centros de asistenciales para niños, mujeres y población indígena, así como también, fue el propulsor de la creación de nuevos caminos para llegar a la población de su territorio episcopal. Además de impulsar la formación y creación de nuevos movimientos laicales. Durante su Episcopado se llevó a cabo la construcción del templo de la Catedral San Blas.

En junio del 2010, Monseñor Rogelio Livieres Plano (+),  abrió la investigación previa para la causa de su beatificación, pues observó la magnífica labor realizada por su antecesor.

«Mons. Agustín fue una persona que tuvo una vida larga y fructífera, fue un hombre de mucha oración, que fue dejando el rastro divino de Jesucristo por los lugares por donde transcurrió, por eso, hemos de encomendarnos en una devoción privada a su intercesión y alegrarnos de su existencia y de su preocupación pastoral por la Diócesis», fueron las expresiones con las que Mons. Rogelio recordó a su homónimo en la celebración Eucarística  por el centenario de su nacimiento.

Las obras de Mons. Van Aaken están impregnadas en las mentes de aquellos que lo conocieron y compartieron con él el ámbito de la vida pastoral y los apostolados, así como también, en las actividades del quehacer cotidiano, como es el caso de Julia Sánchez, quien fue su secretaria durante su gestión episcopal, y quien fue designada por Mons. Livieres como encargada de recopilar los datos necesarios para la causa de su beatificación.

«Él trabajó en los dos Departamentos, sin descanso, recorría las comunidades donde aún eran selva y no había caminos, pero siempre lo hacía con mucho amor y celo apostólico, dando su testimonio de pobreza y humildad», recuerda Julia Sánchez.

Mons. Agustín Van Aaken falleció en el Colegio «San Blas» el 11 de agosto de 1990, dos meses después de haber entregado la Prelatura. Sus restos descansan en la cripta de la Iglesia Catedral San Blas de Ciudad del Este. Los que le conocieron lo recuerdan como un hombre «que nunca se cansó de hacer el bien».

Julia Sánchez Benítez es una laica consagrada del Instituto Secular «Siervas Mater Misericordiae» y muchos años fue conductora del programa radial «Reflexionando con el Papa». Ella conoció en vida a Mons. Agustín y trabajó con él durante varios años en diversas Labores pastorales de la Diócesis, entre ellas: la de laicos, familia, liturgia, medios de comunicación, entre otros.

Hasta la fecha se aboca a la exhaustiva tarea de recopilar los datos necesarios para dar inicio a la apertura de la causa de Beatificación de Mons. Agustín Van Aaken.

El trabajo comenzó en junio del 2010 y varias personas fueron entrevistadas, entre ellas, sacerdotes, religiosas y laicos, además de algunos Obispos de la Conferencia Episcopal Paraguaya que conocieron y convivieron con el prelado.

Por Raquel Almada.

 

 

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