Salve Señora de la Asunción

La fiesta de la Asunción de la Virgen a los cielos debe llenarnos de una profunda esperanza. 

La Misa que presidía el Sucesor de San Pedro, el Vicario de Cristo, el Obispo de Roma, estaba terminando. En los ojos de muchos, lágrimas y en el corazón de los paraguayos, gratitud. Mientras el Papa abandonaba el imponente altar de maíz, cocos y calabazas, se escuchaba al coro papal con sus más de 400 voces entonar un himno que es el de todo el pueblo paraguayo, el Himno a Nuestra Señora de la Asunción, cuya imagen resplandecía como pocas veces en aquella memorable mañana de julio. Y no puede ser otro el himno del pueblo paraguayo, pues devoción a la Asunción de la Virgen estuvo presente desde los inicios de la nación.

La nación paraguaya nació bajo el manto de Nuestra Señora de la Asunción, aquel 15 de agosto de 1537, cuando por los designios inefables de Dios se funda el fuerte “Nuestra Señora de la Asunción” entronizándose en ese lugar la imagen de la Santísima Virgen.

Diez años después, en 1547, el Papa Pablo III erige el obispado de la Santísima Asunción de Paraguay y desde el 1727 los poderes públicos se encargan de los festejos para honrar a la Madre de Dios. La imagen de que la Santísima Virgen venerada hoy en el Oratorio de la Santísima Asunción y Panteón Nacional de los Héroes llegó a nuestro país desde el viejo continente en 1727 y desde ese momento fue objeto de efusiva devoción.

Recién en 1950, es decir más de 400 años después de la fundación de Asunción, el Papa Pío XII a través de la constitución apostólica “Munificentíssimus Deus”, proclama el dogma de la Asunción de la Virgen a los cielos en cuerpo y alma. Pero la fe católica siempre creyó que el inmaculado cuerpo de la que fue concebida sin pecado fuera privada de la corrupción propia del pecado; como lo atestiguan los escritos de San Juan Damasceno, padre de la Iglesia que vivió entre los años 675 y 749: “Convenía que aquella que en el parto había conservado intacta su virginidad conservara su cuerpo también después de la muerte libre de la corruptibilidad. Convenía que aquella que había llevado al Creador como un niño en su seno tuviera después su mansión en el cielo. Convenía que la esposa que el Padre había desposado habitara en el tálamo celestial. Convenía que aquella que había visto a su hijo en la cruz y cuya alma había sido atravesada por la espada del dolor, del que se había visto libre en el momento del parto, lo contemplara sentado a la derecha del Padre. Convenía que la Madre de Dios poseyera lo mismo que su Hijo y que fuera venerada por toda criatura como Madre y esclava de Dios.”

La fiesta de la Asunción de la Virgen a los cielos, debe llenarnos de una profunda esperanza. Pues aquella que vivió en esta tierra está ahora en el cielo, como un anticipo de la vida que Dios nos tiene prometida en la resurrección de los muertos cuando Dios viva con los suyos por toda la eternidad.

Por eso, aquel canto que sonó aquel inolvidable 12 de julio, no solo era una pieza musical, era la oración de un pueblo que tiene a la Madre de Dios en la advocación de su Santísima Asunción como Patrona, y el himno que entona toda la Iglesia en honor a la Nueva Eva, al cual acompañaban los coros celestiales con sus voces de eterno amor.

Que por lo méritos de la Asunción de la Virgen a los cielos, podamos alcanzar, con ayuda de su misma intercesión, el cielo. Lugar donde ella misma se encuentra gozando de la bienaventuranza eterna, con su Hijo Jesucristo, que cuando murió nos dijo: “Ahí tienes a tu madre”.

HIMNO A NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN

Quiero cantar con célica armonía tu caridad, tu amor, Madre de Dios. No cesará mi lengua noche y día de celebrar tu angélico primor.

SALVE SEÑORA DE LA ASUNCIÓN, GLORIOSA FUNDADORA DE NUESTRA GRAN NACIÓN. AL PARAGUAY BENDIGA TU CASTO CORAZÓN.

Del Paraguay las brisas perfumadas lleven a ti mi canto de oración. Madre, piedad, somos almas ganadas con sangre y cruz de tu hijo redentor.

Iris de paz, aurora venturosa de porvenir grandeza y libertad. Nimbo de luz tu Asunción gloriosa ordena siempre nuestro Paraguay.

La tradición, la paraguaya historia, cual reina fiel te clama con verdad. El Lambaré bendice tu victoria, el bosque y flor tu trono al perfumar.

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