San Benito, patrono de Europa y constructor de la civilización

El gran Padre de Europa por haber fundado el monacato occidental.

“Ora et labora” (ora y trabaja) es el famoso lema del gran San Benito Abad, Patrono de Europa y Patriarca de los monjes en Occidente. Por su legado e influencia sigue siendo uno de los Santos más venerados de toda la cristiandad.

San Benito es un santo muy popular en nuestro país a causa de la cruz-medalla que es utilizada para combatir las asechanzas del demonio. Aunque esta devoción sea muy importante, muchos ignoran que es el gran Padre de Europa por haber fundado el monacato occidental, que tanto contribuyó al progreso de la civilización en tiempos de decadencia del Imperio Romano y la posterior invasión de los bárbaros. Los monasterios benedictinos que se levantan imponentes y causan la admiración de propios y extraños hasta el día de hoy, configuraron la unidad del continente europeo, desde las costas mediterráneas a la península escandinava, desde Irlanda hasta Polonia.

San Benito, constructor de la civilización

El Papa Pablo VI, dice que los hijos de San Benito «llevaron con la cruz, el libro y el arado, la civilización cristiana». En la Edad Media la fe y la razón no se separaron, la oración y el trabajo encontraron su perfecta armonía. Recordaba Juan Pablo II en 1980, con motivo del XV centenario del nacimiento de San Benito: «no es lícito al hombre fiel a Dios olvidarse de lo que es humano: debe ser fiel también al hombre». Es un resumen del lema ora et labora; la oración y la acción deben ir juntas. El amor a Dios no puede separarse del amor a los hombres. Una fe que se encerrara en sí misma no sería comprensible desde el punto de vista cristiano; una acción, por muy bienintencionada que fuera, que no tuviera como referencia la fe, terminaría por volverse estéril. Europa es la tierra de la fe y de la razón, no sólo de ésta última, como nos han asegurado algunos filósofos europeos de los últimos siglos. Si fuera sólo tierra de fe, a semejanza de algunas espiritualidades orientales, sus hombres no habrían conocido el afán de superarse en lo material, en definitiva, eso que se llama progreso. Miremos a la India con la revolución de la rueca de Gandhi. Los benedictinos eran hombres de oración, pero también de libro y arado. Progreso intelectual y progreso técnico en tiempos de los bárbaros. San Benito de Nursia enseñó a los monjes a construir relojes para contar las horas. La regla de San Benito concretaba una serie de horas con las obligaciones, comidas, oraciones y ceremonias a efectuar en cada una de ellas. Los relojes de sol, de agua, conseguían el cumplimiento unánime. Tercia mañana, sexta mediodía y nona tarde, eran las horas que se anunciaban en los monasterios y maitines amanecer, prima salida del sol, vísperas ocaso y completas oscuridad, no se anunciaban. La hora sexta, dedicada en la regla benedictina al descanso, ha inmortalizado la siesta, trascendiendo al mundo asceta y monacal.

Biografía

«Hubo un varón de vida venerable, bendito por gracia y por nombre», dirá de él su discípulo y biógrafo, el papa San Gregorio Magno.

San Benito nació en Nursia (Norcia – Italia) en el 480. Su hermana gemela fue Santa Escolástica. De familia acomodada, pronto lo envían a estudiar a Roma, para prepararle un buen porvenir. A los 20 años, decide dejar la vida relajada y malsana de Roma, y se marcha a la soledad. Se refugia en la cueva rocosa de Subiaco, dedicado a la contemplación.

El triunfo sobre la tentación de la carne

El demonio no dejaba de tentarle: un día sufrió una fuerte tentación carnal, de la que Benito triunfó lanzándose desnudo en un zarzal. Después de esa prueba, no volvería a sentir tal tentación.

Luego de la soledad pasó a la vida cenobítica o de comunidad. Lo eligieron abad de un monasterio. Fundó varios en las cercanías, combinando la oración y el trabajo manual, según el estilo de San Pacomio en Egipto.

Intento de envenenamiento

Algunos monjes revoltosos intentaron eliminar al abad envenenándolo con vino. Como era su costumbre, San Benito hizo la señal de la cruz sobre el vaso que le habían dado y el objeto se rompió en pedazos. Después de hacerles caer en la cuenta de lo que habían hecho, se alejó de ellos.

La Santa Regla: «Ora et labora»

Con un grupo de jóvenes, impresionados por su ejemplo de cristiano, fundó monasterios, uno de ellos en Monte Cassino, y escribió, «la Santa Regla, la más sabia y prudente de las Reglas», exigente y moderada a la vez, en la que se combinan sabiamente las alabanzas divinas con el trabajo manual: el famoso lema «Ora et labora» que ha sido inspiración para numerosos reglamentos de comunidades religiosas monásticas hasta el día de hoy. Asimismo inició centros de formación y cultura.

Enseñó con su ejemplo, que el abad representa a Cristo. Era para todos exigente y paternal, muy atento con los enfermos. Dispuso que se recibieran a los huéspedes como al mismo Cristo.

También era muy conocido por su trato amable y por sus sacrificios. Se levantaba de madrugada a rezar los salmos, oraba y meditaba por varias horas, ayunaba diariamente y acudía a los pueblos a predicar.  El Santo veía el trabajo como algo honroso que llevaba a la santidad.

Su amor y fuerza los encontró en Cristo crucificado y, como exorcista, sometía a los espíritus malignos con la famosa «Cruz de San Benito».

Benito sabía que las limitaciones del monje y de su comunidad formaban parte del plan de Dios para la santificación. Entonces introdujo en la Regla el voto de estabilidad que ligaba al monje para siempre a un monasterio. Esto lo impedía de soñar en hallar el monasterio perfecto. «Si tuviera otro abad, otros compañeros… Si estuviera en otro sitio». Esto es perder el tiempo. Lo que tienes es lo mejor, lo único, para tu santificación.

El monje debe sacar la mejor luz y fuerza de la celebración de los divinos misterios, el Opus Dei, la obra de Dios por excelencia. Pero Benito no era sordo a las necesidades de los hombres. Frecuentemente, descendía de su amada montaña, siempre que pudiera remediar cualquier necesidad. Sus hijos seguirían su ejemplo, de lo que se beneficiaría muy positivamente, en todos los campos, toda la civilización occidental.

Final de su vida

El Jueves Santo del 547, 21 de marzo, asistiendo a los divinos oficios, le llegó la hora de la muerte. Quiso hacerlo de pie, como buen atleta de Cristo. De pie comulgó y recibió la Sagrada Unción, sostenido por sus hijos, quienes así celebraban la Pascua, la pascua de su abad. «Hay que tener un deseo inmenso de ir al cielo», fueron sus últimas palabras.

El Santo predijo la fecha de su muerte que aconteció el 21 de marzo del 547, a pocos días de que falleciera su hermana Santa Escolástica. A finales del Siglo VIII en numerosos lugares se empezó a celebrar su fiesta el 11 de julio.

Aunque San Benito sea patrono de Europa, su legado es universal y está presente en donde está la iglesia.

La cruz medalla

La cruz-medalla de San Benito data de una época muy antigua. El Santo recomendaba el uso de la misma a sus discípulos para vencer las tentaciones, ahuyentar al demonio y obrar maravillas.

La medalla tiene dos caras, por un lado está la imagen del Santo Patriarca, y por el otro, una cruz, que a su alrededor lleva unas letras que son iniciales de la oración: Crux Sancti Patris Benedicti (Cruz del Santo Padre Benito), Crux Sacra Sit Mihi Lux (Mi luz sea la Cruz Santa), Non Draco Sit Mihi Dux (No sea el demonio mi guía), Vade Retro Satana (¡Apártate, Satanás!), Numquam Suade Mihi Vana (No sugieras cosas vanas), Sunt Mala Quae Libas (Pues maldad es lo que brindas) Ipse Venena Bibas (Bebe tú mismo el veneno).

Por muchos años, esta devoción fue exclusiva de los monasterios benedictinos; pero posteriormente se propagó luego que el joven Bruno quien fuera más tarde el Papa León IX se curara milagrosamente de una enfermedad.

Por Claudia Ortíz

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