Sin la mediación de la Santísima Virgen, no hay salvación

Sin la mediación de la Santísima Virgen, no hay salvación

«Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos siempre de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita»

¿Qué quiere decir que María es «Medianera de Todas las Gracias»? Quiere decir que no hay ninguna gracia, de ningún tipo, pequeña o grande, que no pase por María. Quiere decir que absolutamente todas las Gracias que la humanidad necesita para su salvación, son administradas y distribuidas por la Madre de Dios. Quiere decir que todos los hombres, de todos los tiempos, para salvarse, deben recurrir a la Virgen -si quieren salvarse- y que nadie puede obtener la salvación si no es por mediación de María. Quiere decir que, así como es cierta la frase: «fuera de la Iglesia no hay salvación», también se puede decir, en este sentido, que:

«sin la mediación de María Virgen, no hay salvación».

Y de tal manera es el Inmaculado Corazón de María una puerta que deja pasar el impetuoso e inagotable flujo de gracias que surgen de la Santísima Trinidad, que todo aquel que se acerca a este Corazón Inmaculado, no dejará nunca de recibir todo tipo de gracias y dones celestiales. En otras palabras, quien se acerca al Inmaculado Corazón de María, así como un hijo se acerca a su madre en busca de amor materno, no dejará nunca de recibir gracia tras gracia y don tras don. Pero también es cierto lo inverso: quien no se acerca al Corazón Inmaculado de María, no recibe el Amor de Dios, dosificado en forma de Gracia, porque Dios Trino ha establecido que sólo a través del Corazón de María sean dadas las gracias a los hombres.

Por esto, es imperioso llamar a todos los hombres -a todos, sin que falte ninguno-, para que se consagren al Corazón de María, para que todos reciban el Amor Divino, mediado por María, en forma de Gracia.

«María Mediadora de todas las Gracias», con este título se reconoce a la Madre de Dios en  documentos oficiales de la Iglesia y ha sido acogido en la liturgia, introducida por el Papa Benedicto XV en el año l921. Su fiesta es el 7 de noviembre.

La Virgen es el medio para profundizar en el misterio de Cristo, de progresar en la fe, la esperanza y la caridad. «Asociada por un vínculo estrecho e indisoluble a los misterios de la Encarnación y de la Redención … ; creemos que la Santísima Madre de Dios, nueva Eva, Madre de la Iglesia, continúa en el cielo su misión maternal para con los miembros de Cristo, cooperando al nacimiento y al desarrollo de la vida divina en las almas de los redimidos». (Credo de Pablo VI, n. 15)

Después de la Asunción de María a los cielos las Gracias se conceden a los hombres por medio de su intercesión.

Desde el cielo participa en la difusión de las gracias con su intercesión maternal. Esta intercesión es inferior a la de Cristo, pero superior a la de todos los otros santos. Los últimos Papas han enseñado la doctrina ya antigua de que todas las Gracias se conceden por medio de la Santísima Virgen. «Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora» (Lumen Gentium).

Es esta una doctrina cierta, Ella como Madre, se interesa por la salvación de todos nosotros, sus hijos, ruega por nosotros y nos consigue las Gracias que recibimos. Con estas afirmaciones, la Constitución Lumen Gentium pone de relieve, como se merece, el hecho de que la Virgen estuvo asociada íntimamente a la Obra redentora de Cristo, haciéndose la compañera del Salvador más generosa de todas.

¡Que alegría saber que no estamos solos y que tenemos la poderosa intercesión de María Santísima!

Pues no existe nada que un hijo pueda negarse a su madre aquí en la tierra, del mismo modo, no existe nada que nuestro Señor Jesucristo le niegue a su Madre en el cielo.

«Como el océano recibe todas las aguas, así María recibe todas las Gracias. Como todos los ríos se precipitan en el mar, así las Gracias que tuvieron los ángeles, los patriarcas, los profetas, los apóstoles, los mártires, los confesores y las vírgenes se reunieron en María», nos enseña San Buenaventura y nos deja una profunda reflexión: Si alguna Gracia queremos alcanzar, a María debemos invocar.☐

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!,
que jamás se ha oído decir que ninguno
de los que han acudido a vuestra protección,
implorando vuestra asistencia y reclamando
vuestro socorro, haya sido desamparado.

Animado por esta confianza, a Vos también acudo,
¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!,
y gimiendo bajo el peso de mis pecados
me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana.

¡Oh Madre de Dios!, no desechéis mis súplicas,
antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.

Acuérdate, Virgen Madre de Dios, cuando estés delante del Señor,
de decirle cosas buenas de mí.

(Oración de la Misa de María Mediadora de todas de todas las gracias)

 

Deja un comentario