Una madre sin televisión

¿Ellos no tiene televisión acaso? Es la pregunta que surge generalmente cuando decimos que una madre tuvo muchos hijos. Esta cuestión es fruto de lo que una sociedad egoísta y desconfiada de Dios dicta como pauta de comportamiento: tener pocos hijos para disfrutar de la vida. Pero esta pregunta tiene algo de verdad. Porque mujeres como Marta, con seis hijos, son mujeres que dedicaron menos tiempo a las cosas superficiales de la vida -como ver TV- para dedicarse a hacer la voluntad de Dios, confiando en Él.

 

Ser madre de muchos hijos no es un tarea fácil.

Obviamente, requiere sacrificio, entrega, amor incondicional y mucha fe para superar las pruebas y los embates de la vida. No en vano hasta el calendario civil tiene una fecha anual para recordarlas.

Nuestro país contó con una notable época en la que numerosas mujeres vivieron a pleno su maternidad, llegando a criar algunas hasta a 17 hijos, a pesar de las precarias condiciones de vida y un austero soporte tecnológico.

No éramos nosotros los autores de la vida, sino Dios”

 

Para la sociedad actual, un solo hijo es considerado lo mejor para un matrimonio; otros son más osados y dicen: Dos es el número ideal. Para Marta y Eduardo en cambio, es Dios quien decide cuántos hijos deben venir al mundo en cada matrimonio.

Marta Liz Giménez se casó con José Eduardo Rivas a los 17 años y cuando cumplió 18, fue madre por primera vez. Eduardo José David, el primogénito de la familia, nació con 3 kilos en parto normal.  “Ver al niño que llevé en mi vientre durante tanto tiempo fue un instante único, que marcó mi vida y la llenó de una alegría indescriptible”, comenta Marta, sentada en la sala de su casa, donde nos recibió para esta entrevista.

 

¿Qué significa ser madre?

Muchas mujeres creen que la maternidad es solamente un periodo en el que se sufre ciertas variaciones corporales, hormonales, emocionales y se pierde por completo la estética del cuerpo femenino por causa del bebé que llevan durante nueve meses en el vientre, y cuando llegan los niños, todo el tiempo es invertido en el cuidado y crianza de los hijos y muchas cosas se dejan de lado. Para Marta en cambio, “la maternidad es un don de Dios; cada mujer se hace cooperadora de él en la creación, dando vida a un nuevo ser”. Pensada así la cosa, sólo la fe puede explicar su determinación y valentía.

Con 19 años y su pequeño en brazos, la joven madre, aficionada al handball, se inscribe en la Universidad. “Mi tiempo se distribuía equitativamente entre trabajar, cuidar a mi hijo, ser ama de casa y estudiante universitaria”. Además participaba como atleta de los afamados juegos universitarios, debido a su gran pasión por el deporte.

Tener muchos hijos nunca fue un impedimento para que pueda realizarme como profesional”

 

 

Eduardo y Marta coinciden en esto: “Para que la familia esté completa era necesario tener una hija, de tal modo que se complete el matrimonio de Papá, Mamá, la nena y el varón”; la “parejita” como se conoce en el Paraguay. Y nació Melissa; y el matrimonio creyó que ya nada hacía falta. “Con el nacimiento de la nueva integrante, nosotros quisimos no tener más hijos, pues decíamos que todo estaba en su perfecto lugar”.

Con las vueltas de la vida y los designios de Dios, la pareja tuvo un giro inesperado, y por medio de un retiro espiritual ambos comprendieron su rol dentro del matrimonio. “Entendimos que no podíamos impedir ni forzar por medios antinaturales la fecundidad matrimonial. Pudimos comprender que no éramos nosotros los autores de la vida, sino Dios, quien en su inmensa providencia envía a cada familia los hijos que deben tener.” Comenzaron entonces a estar totalmente abiertos a la vida.

En el transcurso de los años la familia Rivas Giménez fue creciendo y llegaron a ser una auténtica familia católica. Y así, fueron acoplándose los demás integrantes de la prole con Marta Gabriela, Luana María, Fátima Adriana y el pequeño Juanri, como cariñosamente es llamado Juan Rafael, el último de los hijos.

 

¡Pero cómo hacían las abuelas para mantener tantos hijos!

Muchas mujeres se preguntan hoy ¿Cómo nuestras bisabuelas y abuelas podían concebir entre 8, 10 o 12 hijos? ¿Cómo resolvían las cuestiones alimentarias, la educación, la vestimenta y la salud, tanto de la madre, como de los que llegaban al mundo? Sin saber cómo encarar la cosa, estas mujeres de la actualidad reducen al mínimo la cantidad de hijos que pretenden concebir, alegando que si tienen pocos hijos, será para brindarles una mejor calidad de vida.

Mi apostolado y mi gran misión como madre es llevar a mis hijos a la vida eterna

 

 

 

 

Con el paso de los años y la cantidad de hijos, la mujer valora el don de la maternidad, dice Marta: “Cada hijo siempre fue una nueva experiencia.

La sexta vez que Marta, tuvo la dignidad de llevar un nuevo ser y cooperar con Dios en la obra creadora, fue cuando ya había alcanzado los 41 años, a pesar de que la ciencia médica no recomiende los embarazos a esa edad. Pero Marta confió en Dios, quien es el que verdaderamente hace todas las cosas y tuvo a su último hijo sin muchas complicaciones.

 

Una madre multifacética

El día a día de Marta es ajetreado. Hay que levantarse temprano y ayudar a los chicos que deben ir a la escuela: preparar el desayuno, los uniformes, la ropa del marido y otras cosas; y todos deben estar impecables antes de salir de casa. Pero todo comienza con la oración de la mañana. Luego, a cumplir en el propio trabajo, las tareas domésticas y la atención a los chicos con sus respectivas tareas escolares.

A su paso por la Universidad, Marta se graduó como Licenciada en Ciencias Contables. Hoy ejerce perfectamente su profesión y comenta que  “tener muchos hijos nunca fue un impedimento para que pueda realizarme como profesional y cumplir mis demás tareas de madre y esposa”. Con ella se destierra el famoso mito que es repetido por muchas mujeres en la actualidad: Una madre con muchos hijos ya no puede ser una mujer exitosa en el campo profesional. Marta enfatiza que no hay nada que la maternidad haya truncado en su vida; más bien, ha sido el motor que la impulsó a esforzarse en poder tener una profesión y mediante ella brindar a sus hijos lo necesario para su formación espiritual e intelectual.

A pesar de las contradicciones sociales, las críticas de los amigos y la típica frase paraguaya cuando ya van muchos hijos en una familia “¿Ustedes acaso no tienen televisión?” Doña Marta y Don Eduardo siguieron adelante en la crianza y educación de hijos sin nunca dejar de confiar en Dios y su providencia.

 

Vivir para el cielo

Mi apostolado y mi gran misión como madre es llevar a mis hijos a la vida eterna.” Claro, eso no impide que aquello de “dar la vida por cada hijo” también implique despertarse de noche, de madrugada o simplemente no dormir cuando los hijos se enferman. Todo es por amor y con amor. “El amor que cada madre siente por sus hijos, es único y no puede compararse con los demás amores que existen.”

Como esta abnegada madre, existen muchas mujeres heroicas que anónimamente se desenvuelven por la vida tratando de combinar la vida profesional, la maternidad, su condición de esposa y la educación de sus hijos.

Para Marta cada uno de sus hijos es un pedazo de su vida. Su vida partida en seis.

 

Datos de la familia

Nombre de la pareja: Eduardo José Rivas y Marta Liz Giménez

Fecha de matrimonio: 17 de noviembre de 1989

Hijos y sus actividades:

*Eduardo José David Rivas Giménez (24), estudiante de Administración de Empresas.

*Liz Melissa Rivas Giménez (21), estudiante de profesorado en Lengua Inglesa.

*Marta Gabriela Rivas Giménez (13), alumna del 9no. Grado.

*Luana María Rivas Giménez (7), alumna del 3er. Grado.

*Fatima Adriana Rivas Giménez (5), alumna del 1er. Grado.

*Juan Rafael Rivas Giménez ,  1 año y seis meses.

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