Meditaciones para el mes de San José
San José cumplió en la tierra fidelísimamente la misión que Dios le había encomendado. Su vida fue una entrega constante y sin reservas a su vocación divina, en bien de la Sagrada Familia y de todos los hombres (Juan Pablo II). Ahora, en el Cielo, su corazón sigue albergando «una singular y preciosa simpatía para toda la humanidad» (Pablo VI), pero de modo muy particular para todos aquellos que, por una vocación específica, se entregan plenamente a servir sin condiciones al Hijo de Dios en medio de su trabajo profesional, como él lo hizo.
Comentarios (0)
Sé el primero en comentar.