Meditaciones para el mes del Sagrado Corazón de Jesús
«Cuando pienso en la abundancia de las riquezas que se encierran en el adorable Corazón del Maestro, decía un alma grande de nuestro tiempo, no hay ya nada que me asombre. De Él lo recibimos todo y en Él lo podemos todo, todo hasta llevar una vida pobre, humilde y amante en medio del mundo, y hasta sin darnos cuenta de ello. Cuando estamos próximos a sucunvir, ese Corazón divino se apresura a suplicar a su Padre que nos sugiera santos deseos, y que nos preste auxilios y favores; arranca de nuestro corazón los obstáculos que se oponen a la gloria de su Padre; nos hace vencer las dificultades que antes nos causaban pavor».
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